La precisión es fundamental en la radioterapia oncológica. De ella depende la seguridad y la eficacia del tratamiento. Lo es porque la radiación es potente, mata las células cancerosas, pero puede afectar también las células sanas cercanas. Y ahí es donde entra en juego la precisión. Esta exigencia ha obligado a recurrir a pequeños tatuajes en la piel para garantizar que se coloca de forma correcta en cada sesión.
Son marcas que sirven para posicionar correctamente al paciente durante el tratamiento diario. Pese a su efectividad, deja marcas físicas y psicológicas en el paciente. Los avances tecnológicos han permitido no depender de estos tatuajes permanentes para configurar el tratamiento. Uno de ellos es el uso de luz no invasiva emitida por cámaras especializadas que rastrean la anatomía de la superficie cutánea del paciente en tiempo real, antes y durante el tratamiento, para garantizar la posición correcta en cada sesión.
En esta línea, el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz se ha consolidado como uno de los primeros centros de España en apostar por tratamientos de radioterapia libres de tatuajes con la incorporación de un sistema de Radioterapia Guiada por Superficie (SGRT, por sus siglas en inglés). “Es como un GPS corporal que comprueba continuamente que el tratamiento se está administrando exactamente en el lugar previsto”, explica el Doctor Javier Luna, jefe del Servicio de Oncología Radioterápica de la Fundación Jiménez Díaz.








