Varios centros españoles ya usan tecnologías como la tomografía computerizada o los aceleradores de partículas, que permiten un diagnóstico más preciso de los tumores y facilitan una radioterapia más localizada y efectiva, con menos daño de los órganos y tejidos aledaños
Desde que un avance tecnológico nace hasta que se normaliza su uso siempre media un trecho: pruebas, mejoras, estandarizaciones, garantías legales… “Es lo que ha sucedido históricamente con técnicas tan habituales en la práctica médica como los rayos X o la resonancia magnética”, explica Alejandro Mazal, jefe del servicio de Física Médica del Centro de Protonterapia Fundación Jiménez Díaz (Madrid). Sin embargo, hoy el ritmo de innovaciones es tan alto que los tiempos se acortan cada vez más: “En campos como la radioterapia oncológica cada cinco años viene algo nuevo; si no lo adoptas, te quedas atrás”, señala Mazal.
La oncología es, de hecho, una de las disciplinas que más innovación –e inversión, con 1.137 millones de euros en proyectos tecnológicos desde 2017, según datos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades– concita en la actualidad, según los especialistas consultados. “Si nos ceñimos a la radioterapia, uno de los mayores avances es la obtención de imágenes en tiempo real cada vez más detalladas para personalizar al máximo el tratamiento”, sintetiza Javier Luna, jefe del servicio de Oncología Radioterápica del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz (Madrid). Es decir, ver y tratar a la vez. “Por ahora son técnicas incipientes. En el futuro, posiblemente, será un método habitual y extendido”, añade.






