“Solo hay dos clases de personas: proxenetas y putas”. Este es el lema de Andrew Tate, influencer de la manosfera, cercano a la familia Trump y acusado de múltiples delitos de trata de personas, violación y agresión. Tate citaba al proxeneta de Chicago Ken Ivy, autor de libros como “Pimpology” o “El arte del ajedrez humano”, que enseñan a los hombres a triunfar en la vida adoptando las reglas de conducta de un proxeneta: manipulación, violencia, dominación. Andrew Tate y su hermano Tristan se enriquecieron ejerciendo como proxenetas digitales de numerosas mujeres que ofrecían contenido sexual en internet, dando cursos (a hombres) de cómo montar un negocio en OnlyFans y creando contenido (para hombres) desde la premisa de que las mujeres son el enemigo o simple terreno para la conquista y el abuso.
Andrew Tate es el extremo más violento de lo que está sucediendo en OnlyFans, la plataforma de pago de contenidos sexuales bajo suscripción, creado hace 10 años, y que ya forma parte de la cultura popular. En la última temporada de Euphoria, el personaje interpretado por Sydney Sweeney decide abrirse un OnlyFans para costearse las flores de su boda. En el libro La cuarta vida de Blanca Cuervo, de Alba Quintas, último premio SM de literatura infantil y juvenil, la protagonista se inicia en una plataforma llamada La Trastienda, trasunto de OnlyFans. En los próximos meses, Alauda Ruiz de Azúa estrenará en Movistar Plus su nueva serie, que también aborda el tema de las plataformas que ofrecen contenidos sexuales. Esto da idea de la popularidad de este servicio, que se vendió desde el inicio bajo la idea de empoderamiento de mujeres jóvenes que monetizan su juventud y su capital erótico bajo sus propias reglas y que ha resultado ser, oh sorpresa, otra vía de explotación sexual. El negocio de OnlyFans se ha llenado de “managers” y agentes, en su mayoría hombres, que actúan como proxenetas virtuales, llevándose un buen porcentaje de los ingresos; los usuarios de la plataforma son hombres en su mayoría, 8 de cada diez, y las creadoras de contenido sexual son en su mayoría mujeres jóvenes, 9 de cada diez.








