En algún momento de las últimas dos décadas, la pornografía dejó de verse únicamente en cintas, CDs o webs especializadas, y empezó a hacer parte de las lógicas de las redes sociales. La sexualidad explícita comenzó a adoptar forma de feed, reels, shorts. Y probablemente ninguna plataforma resume mejor esa migración que OnlyFans.PublicidadCuando la empresa británica nació en 2016, lo hizo con un modelo relativamente parecido al de Patreon. Es decir, el de una plataforma basada en suscripciones para que las personas que subieran contenido pudieran monetizar directamente sus audiencias. Enseguida, sin embargo, empezó a asociarse a la venta de contenido sexual y erótico online.Diez años después de su creación, OnlyFans representa mucho más que una web de pago para (supuestamente) adultos. La plataforma funciona de manera relativamente sencilla. Cada creador o creadora tiene un perfil desde el que publica fotografías, vídeos o retransmisiones en directo a las que se accede mediante una suscripción mensual. A partir de ahí, pueden existir también contenidos de pago individual, mensajes privados, encargos personalizados... Básicamente, todo aquello que cada perfil decida ofrecer. "La gente publica cosas en un feed, a lo Instagram", explica a Público un joven de 26 años que utilizó la plataforma durante un mes. "Luego hay gente que tiene peticiones y vídeos privados y eso. Ahí sí pagas un dinero, que puede ir desde algo pequeño hasta algo enorme", detalla. Se trata, por tanto, de un sistema que mezcla elementos de las redes sociales, el porno amateur, las plataformas de streaming y los modelos de micromecenazgo. Por lo que, en realidad, una parte importante del cambio que ha supuesto OnlyFans no tiene tanto que ver con la existencia de pornografía online, que evidentemente ya había, como con la manera en que la plataforma dio lugar a nuevas formas de intercambios económico y comunicativo.PublicidadEl estilo de promoción de los perfiles evidencia que hablamos de una lógica plenamente integrada en las redes sociales. "Lo que suelen hacer es poner en Twitter o así trozos pequeños para que la gente lo vea y se suscriba", expresa un usuario que le ha contado su experiencia a este medio. "O tienen un perfil gratuito donde suben cosas mínimas, como gancho", añade. Esto ayuda a entender por qué OnlyFans ha terminado convirtiéndose en un fenómeno cultural mucho más amplio que otras plataformas pornográficas anteriores. La red ha transformado, de alguna manera, la figura misma de quien produce el contenido sexual. Se ha pasado de la estrella pornográfica más "tradicional" a la imagen de una persona corriente que tiene a su alcance la posibilidad de crear su propia microempresa sexual digital.Esta idea que puede parecer a priori una suerte de democratización no ha dejado de convivir, en todo caso, con las jerarquías y desigualdades de siempre, cuando no han aprecido otras nuevas. Uno de los grandes mitos que han acompañado a OnlyFans durante estos diez años es la fantasía del enriquecimiento rápido. Cualquier persona mínimamente activa en redes sociales seguramente haya visto alguna vez una historia viral sobre una persona que ha empezado a ganar cientos de miles de euros al mes gracias a la plataforma. Algo que ha contribuido a construir una imagen distorsionada, especialmente entre las adolescencias, sobre el funcionamiento real de OnlyFans. PublicidadEl estudio Risk, resilience and reward: impacts of shifting to digital sex work, publicado en la Universidad Cornell en 2022 y realizado a partir de 34 entrevistas cualitativas con trabajadoras sexuales de siete países del Norte Global, evidenció justamente cómo las plataformas no eliminan automáticamente las desigualdades que ya operan a diario en nuestras sociedades. Sino que muchas veces, de hecho, las reorganizan y amplifican, reproduciendo estereotipos de género, raza y jugando con las expectativas de quienes participan de ellas. En general, la promesa de internet como espacio neutral donde cualquiera podría triunfar gracias únicamente a su esfuerzo individual ya hace mucho que fue desmentida.En el caso de OnlyFans, esas dinámicas suman el estigma histórico asociado al trabajo sexual y a la pornografía. La exposición permanente, la circulación no consentida de imágenes, el acoso digital o la imposibilidad de separar sus vidas a nivel personal del personaje que representan en los vídeos, forman parte de la experiencia cotidiana de muchas personas que hacen dinero en este tipo de plataformas. Al igual que forman parte de las vidas de miles de influencers. La lógica es muy similar.El estudio antes mencionado hacía emerger precisamente esa aparente paradoja. Para las trabajadoras sexuales, el trabajo online les ofrecía una mayor sensación de seguridad física y más flexibilidad, pero introducía a su vez nuevos riesgos vinculados sobre todo a la hiperexposición y a ciertas dinámicas de vigilancia. Buena parte de las discusiones sobre OnlyFans suelen quedarse atrapadas entre dos disyuntivas: o bien el pensar en qué medida la plataforma es un espacio donde hasta cierto punto puede tener lugar un proceso de empoderamiento y libertad económica. O bien el pensarla como síntoma de una sociedad hipersexualizada donde todo es susceptible de convertirse en mercancía. El libro Putas imágenes (Bellaterra), de Andrea Corrales Devesa, sin embargo, propone desplazar el foco hacia otro lugar bastante más interesante. Uno que permite reflexionar sobre la pornografía, aparte de por su contenido sexual, como una tecnología cultural indisociable de la historia de internet y de la cultura del trabajo.Corrales Devesa insiste en que el porno nunca ha funcionado al margen de las transformaciones tecnológicas de cada época y enmarca ahí el boom de OnlyFans. Muy al contrario, se sabe que históricamente la pornografía ha participado de ellas, las ha acelerado y muchas veces ha servido como espacio pionero para experimentar con nuevas formas de sistemas de pago, tecnologías de grabación doméstica, redes de distribución, algoritmos o renegociación de las condiciones laborales. No se puede entender la expansión de OnlyFans, por tanto, sin sumergirse en la gig economy. Corrales Devesa vincula explícitamente estas plataformas con modelos laborales atravesados por la hiperflexibilidad, el trabajo autónomo y la dependencia permanente de infraestructuras empresariales privadas.Parece que internet ha naturalizado la relación aparentemente inmediata con imágenes sexuales, mientras ha mantenido invisibilizadas las condiciones concretas que hacen posible esa circulación y que están vinculadas a determinados sistemas financieros, servidores, regulaciones, políticas de extracción de datos y nuevos trabajos.PublicidadQuien produce contenido no solo genera contenido sexual o erótico, pues también debe mantener presencia constante en redes sociales, promocionar su perfil, responder mensajes, analizar sus audiencias e intentar mejorar su relación con sus suscriptores, que es de donde genera el dinero. Hay mucho trabajo ahí que no se identifica tan facilmente. No en vano, Corrales Devesa se pregunta en el libro: "Autónomas… de quién?".La crisis que vivió la plataforma en 2021 ejemplificó bien toda la fragilidad que envuelve este tipo de actividades. Ese año, OnlyFans anunció que prohibiría el contenido sexual explícito debido a presiones que ejercieron una serie de entidades bancarias y financieras. Es cierto que la decisión nunca llegó a formalizarse, pero tuvo la repercusión suficiente como para poner de manifiesto hasta qué punto "se está dejando en manos de las grandes compañías tecnológicas la gestión de la expresión del deseo", tal y como advierte Aprosex en el prólogo de Putas Imágenes."¿Cómo no vamos a estar viviendo violencia sexual, caos y desinformación en un mundo donde escribimos sxo o prno para encajar en los estándares de Meta, X y TikTok?", plantea Aprosex. Las tensiones que atraviesan a OnlyFans diez años después de su creación, en muchos sentidos, anticipan tendencias que atraviesan ya el conjunto de internet y del trabajo contemporáneo.