¿Qué clase de pensamientos pueden cruzar por la cabeza de un padre que acaba de enterarse de que su hijo es un ladrón? ¿Cuál puede ser el sentimiento que prevalezca después de un primer momento de incredulidad y negación?
Este es el arranque de la novela de Laura Cukierman, “La forma del derrumbe” (FCE) que acaba de llegar a las librerías. A Sofía, la madre y protagonista, le comunican que su único hijo, Federico, está detenido en una comisaría. Lo acusan de formar parte de una banda de delincuentes que llevan ya algún tiempo robando las casas de los vecinos y amigos de la familia.
Narrada en la primera persona de la madre, la novela recorre las primeras horas de la noticia (allanamientos, notas en los medios, charlas con agentes y abogados) con el ritmo de un soliloquio desesperado, que alterna la negación con la furia hasta el absurdo, al punto de convocar también el humor de los lectores.
Uno de los temas centrales detrás de la confusión materna es la confrontación de su proyecto personal con los errores concretos de su hijo. Y también la adjudicación de las culpas, cuando es imposible eludir la certeza de ser responsable de las malas decisiones de un chico.
Periodista y productora, Laura Cukierman ha escrito también la colección de cuentos “Las chicas malas no transpiran”. “La forma del derrumbe” es su primera novela.











