En el Camp Breastie, las mujeres que querían gritar tenían que levantarse temprano. La sesión de desahogo a orillas del lago era la primera actividad del día. El sol apenas se asomaba en el cielo cuando decenas de supervivientes de cáncer de mama bajaban a toda prisa de las literas de sus cabañas hacia la orilla.
Primero, nombraron sus problemas, los escribieron en pequeñas piedras y las lanzaron al agua.
“Ira”, escribió Shelby Jones, de 33 años, de Nueva York.
“Miedo”, puso Emily Tout, de 30 años, de Búfalo, Nueva York, una madre soltera con cáncer metastásico.
Nancy Antoine, una superviviente de cáncer de Davie (Florida), que dijo que llevaba años practicando la terapia de grito —aunque normalmente sola en casa—, las animó a desahogarse con un grito.








