José Luis Ábalos, que fue secretario de organización del PSOE entre el 2017 y el 2021, y ministro de Transportes entre el 2020 y el 2021, fue condenado ayer por el Tribunal Supremo a 24 años y tres meses de cárcel. En el mismo juicio, Koldo García, asistente de Ábalos, recibió una condena de 19 años y 8 meses de prisión. Y el empresario Víctor de Aldama fue condenado a 4 años y 6 meses, aunque, a diferencia de los otros dos penados, no deberá ingresar en prisión si cumple ciertos requisitos.Se trata de la sentencia del primer juicio del caso Koldo, que se ocupa del supuesto amaño en la venta de mascarillas, y en el que se han evaluado acusaciones por organización criminal, cohecho, malversación y tráfico de influencias.El exministro del PSOE, condenado a 24 años y tres meses por su papel en el caso MascarillasDesde una óptica política, y pese a la desvinculación de los dos primeros condenados de las filas socialistas, la sentencia constituye un golpe muy duro para el PSOE y por tanto para su secretario general y actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. No podría ser de otro modo. Ábalos estuvo en el núcleo del poder socialista y gubernamental, en cargos que requerían de la plena confianza de Sánchez. Es aventurado inferir de eso, como suele hacer la oposición, que Sánchez era el máximo dirigente de una asociación creada con ánimo delictivo. Pero es obvio que el modo en que Ábalos operó aprovechándose de su posición en el círculo del presidente dice poco o nada bueno acerca de la perspicacia de este. Como tampoco lo dice que el sucesor de Ábalos en la secretaría de organización del PSOE fuera Santos Cerdán, también situado bajo la sombra de la corrupción y enredado en varias causas judiciales.Respecto a la dureza de la sentencia, que asume de modo unánime las peticiones formuladas para Ábalos por la Fiscalía Anticorrupción, e incluso incrementa en dos meses las solicitadas para García, diremos que difícilmente podría causar sorpresa, puesto que las personas ahora juzgadas, y en particular Ábalos, ocuparon cargos muy encumbrados, y defraudaron, pues, y de modo inadmisible, la confianza pública en ellos depositada. Cada delito merece una pena, matizada en función de las circunstancias. Pero cuando el reo ha decepcionado en tan gran medida a cuantos esperaban de él un recto proceder y una conducta intachable, se comprende que la sentencia incorpore un factor ejemplarizante. Las conductas corruptas deberían estar fuera de lugar en cualquier instancia, y no digamos ya cuando acaban siendo protagonizadas por alguien que dispone de asiento en el Consejo de Ministros.El fallo del Supremo constituye un golpe muy duro para Sánchez, su partido y el GobiernoAlgo menos fácil de comprender es la sentencia recibida por De Aldama, que podrá evitar la cárcel, pese a estar plenamente implicado en la trama, y no en una posición menor. Bien está que haya colaborado con la justicia, e incluso que haya sido recompensado por ello. Pero quizás dicha recompensa haya resultado llamativamente generosa. Por desgracia, en este país hemos asistido ya a suficientes casos de corrupción como para saber que la figura del corrupto, por lo general alguien con cargo y capacidad de decisión sobre recursos públicos, suele ir engranada con la del corruptor. El concurso de este último en la comisión de ciertas fechorías suele ser esencial. Por ello, la pena recibida por De Aldama, que en comparación con la que se llevan Ábalos y García podríamos calificar de leve, ha causado sorpresa.No hace falta ser adivino para predecir que la sentencia conocida ayer será usada los próximos días como nueva munición por los portavoces de la oposición. De hecho, ayer ya se pronunciaron varios de ellos, empezando por Alberto Núñez Feijóo, líder de los populares, que volvió a insistir en que Sánchez debe dejar sus cargos y desaparecer de la escena pública, y también en que por ahora no piensa plantear una moción de censura. Pero también es verdad que estas y otras declaraciones no representarán, pese a la contundencia de la sentencia, una novedad, puesto que vienen siendo la tónica de los conservadores desde hace ya años, basada en la descalificación del rival y en la conversión del Congreso en algo parecido a un cuadrilátero.Sucesos como los protagonizados por Ábalos y García en terreno socialista no debieran haberse producido nunca, puesto que traicionan y lesionan los intereses colectivos. Como tampoco debieran haberse producido otros registrados en la esfera conservadora. Resulta lamentable que en su día no fueran advertidos y evitados. Y resulta en cierta medida reparador que sus causantes hayan sido ahora condenados.
Contundente sentencia contra Ábalos, por Editorial
José Luis Ábalos, que fue secretario de organización del PSOE entre el 2017 y el 2021, y ministro de Transportes entre el 2020 y el 2021, fue condenado ayer por el Tribunal Supremo a 24 años y tres meses de cárcel. En el mismo juicio, Koldo García, asistente de Ábalos, recibió...










