A cuatro años de la catástrofe ambiental que consumió el 10% del territorio de la provincia de Corrientes, las secuelas invisibles de los incendios de 2022 continúan siendo objeto de riguroso análisis científico.
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Con el propósito de desentrañar las alteraciones físico-químicas profundas que el fuego causó en los perfiles de la tierra, la ingeniera agrónoma Dalis Elena Gandolfo, becaria de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), puso en marcha un proyecto de investigación en el departamento de Ituzaingó orientado al diagnóstico y monitoreo de suelos post-incendio en sistemas productivos estratégicos.
El Nordeste Argentino (NEA), y en particular el ecosistema correntino, destaca por su matriz de pastizales naturales, bosques nativos y forestaciones comerciales de alta densidad. Estas tierras son el soporte de la producción ganadera y maderera regional, cumpliendo además un rol crítico en la regulación hídrica.
Sin embargo, los suelos del departamento del norte provincial presentan de por sí una elevada susceptibilidad a la degradación física y a la pérdida de nutrientes, una fragilidad que se vio severamente comprometida tras el paso de los frentes de fuego.










