Había mucha expectación por esta adaptación llevada a cabo por Juan Echanove del peliculón de José Luis García-Berlanga. Se presagiaban posibles deleites: gran montaje con 18 actores en el Teatro Español de Madrid, el aditivo de poder escuchar en escena la especial mala leche del tándem Azcona y Berlanga, y un relato conocido por todos, que es ya parte de nuestra historia e imaginario.

Echanove ha enfrentado el proyecto con la desfachatez necesaria, llevando el asunto a una especie de vodevil zarzuelero y farsesco. Olvidando lo cinematográfico y dándole a la obra un cariz netamente teatral. Lamentablemente, la cosa no acaba de despegar.

La obra comienza con una declaración de intenciones, con todo el elenco cantando una loa a la caza con tono zarzuelero donde destacan actores que provienen del musical y la lírica como Enrique Viana, tenor que además construye un desternillante marqués de Leguineche, el personaje al que dio vida Luis Escobar.

Se nota el ojo de Echanove para elegir el reparto. Por ejemplo, el acierto en escoger a Pere Ponce para interpretar a Canivell, el empresario catalán que bordó José Sazatornil. Ponce es capaz de llevarlo por otros derroteros. También está muy bien Pedro Mari Sánchez quien, aunque más cercano a la interpretación de Agustín González, está telúrico como el Padre Calvo. Y Chusa Barbero clava a la marquesa tuerta que hizo Amparo Soler Leal en la película.