El 27 de septiembre de 1995 se estrenó en el teatro Rialto de Valencia Tres forasters de Madrid, de Eduard Escalante, un autor de sainetes del siglo XIX. La primera representación fue incluso grabada y emitida por la cadena autonómica Canal 9. ¿Por qué tanto interés? Porque esa fue la única incursión como director de teatro de Luis García Berlanga. Y se lanzó a ella porque Escalante gozaba de gran popularidad durante la juventud del cineasta, porque la obra era parte en valenciano y porque hablaba del papanatismo social, uno de sus grandes temas.Así que si el director de Plácido o El verdugo paseara en junio de 2026 por la madrileña plaza de Santa Ana se sorprendería al ver su nombre como el gran reclamo publicitario del Teatro Español. Gracias a dos obras: en la sala principal, hasta el 26 de julio, Juan Echanove dirige la comedia satírica musical La escopeta nacional, adaptación de Bernardo Sánchez Salas del guion y la película homónimos de Berlanga y Rafael Azcona. Y en el Salón de los balcones, hasta el 28 de junio y de jueves a domingo, se representa Crónica de un mal español, escrita, dirigida y protagonizada por Jorge García-Berlanga, que, junto a su compañía Balmoral, retrata la juventud de su abuelo hasta el éxito de El verdugo. En la fachada del Español arrasa Berlanga.En persona, Jorge García-Berlanga se parece muchísimo a su padre, el fallecido escritor Jorge Berlanga. Lleva puesta una camisa en tono vainilla que heredó de él y que a su vez perteneció a su abuelo. “Tenía muchas ganas de contar algún día la historia de mi familia, y al presentar al Teatro Español otro proyecto, titulado ¡Viva Rusia! [una lectura dramatizada del guion nunca rodado de Berlanga y Azcona que los Balmoral sí realizaron en CaixaForum], surgió la oportunidad de hacer un espectáculo corto —son 45 minutos, ya que es una versión reducida del texto original— sobre mi abuelo. Mostramos la construcción de su carácter, los hechos de su vida que más le marcaron, como conocer a mi abuela, María Jesús Manrique”. A su lado le escuchan los hermanos Natalia y Octavio Vellón, cofundadores de la compañía Balmoral, desde que el trío se conoció estudiando en el Estudio Corazza. Ambos apuntan a su compañero: “Es la crónica, muy documental, aunque pensada e interpretada como comedia, de las decisiones que fueron llevándole a ser quien fue desde su infancia hasta El verdugo que le consagra. Aunque tenga esa duración, alberga bastante sustancia“. Los Vellón y otros cuatro actores encarnan a más de medio centenar de personajes; Jorge se encarga solo de su abuelo.El verano pasado, García-Berlanga estuvo documentándose antes de ponerse a escribir. Recordó sus vivencias con su abuelo. “Iba de crío los fines de semana a su chalet de Somosaguas. Así que para mí fue mi abuelo, el que tenía una piscina, con el que sacaba las zanahorias del huerto y con el que visitaba el caos de su estudio. Falleció cuando yo tenía cinco años. Descubrí su cine más tarde, y cuando pensé en dedicarme a esto fue cuando charlé con sus compañeros de profesión”. Con la obra, confiesa, ha vuelto a verle como “persona”. “Por eso he mostrado sus intimidades, con detalles que espero que se disfruten”. Los Vellón recuerdan: “Hubo un día muy bonito en que Jorge nos estuvo poniendo audios originales tanto de él como de su abuela. Berlanga utilizaba mucho la comedia porque escondía el dolor que había debajo y es algo que Jorge compartió de forma muy generosa con nosotros. También, del sufrimiento y la pérdida que había vivido su abuela, por la muerte de su marido y de sus hijos. Hay algo también de esa forma de Luis García Berlanga de tomarse la vida y de ser permeable a las circunstancias de cada momento histórico que esperamos haber sido capaces de retratar”. Al final de la obra, Jorge se muestra como sí mismo como el nieto. “Me he reservado ese instante”.Jorge García-Berlanga asegura que comparte muchísimo imaginario con su abuelo. “Bebo de su cine, de su arte. Y, como él, ya no me pesa tanto la opinión de los demás sobre lo que hago”. Curiosamente, la película que más le gusta es El verdugo. Y justo fue El verdugo el primer filme de Berlanga en saltar a los escenarios —en el año 2000— con Juan Echanove y Luisa Martín como intérpretes. Ahora, el primero dirige y la segunda encarna a Chus (en el cine, Amparo Soler Leal) en adaptación de La escopeta nacional en la sala principal.Una comedia satírica musicalEchanove lleva semanas encerrado con sus actores en el Español. Si los Balmoral con siete intérpretes apañan medio centenar de personajes, Echanove puso como condición que cada actor encarnara un papel, así que en el escenario aparecen 18 intérpretes y tres músicos. “Para hacer una comedia, necesitas ritmo; para hacer una sátira, brillo, y para hacer música, tempo. Con todo eso, evidentemente, un reparto coral funciona”, apunta el director, que lleva casi dos años junto a Sánchez Salas con el proyecto.Con su homérica verborrea, explica: “Conocí solo un poco a Luis, porque el grueso de mi carrera tiene que ver con Rafael Azcona y con sus seguidores, creyentes en ese punto de vista que tiene Rafael sobre el devenir del ciudadano español a lo largo de todas sus épocas. Para mí es fundamental el respeto con el que Rafael trataba al perdedor y la españolidad. Pensándolo, me reafirmo en que Berlanga es un profesor de anatomía y Rafael es la verdad. Yo nunca he leído en ninguno de los relatos de Rafael, ni en sus guiones, algo que no se ajuste a la verdad sin ambajes, sin vestidos, desnuda”.Cuando se estrenó la adaptación teatral de El verdugo, García Berlanga le aconsejó a Echanove: “No hagas nunca cine en el teatro. Tú tienes la suerte de no tener que montar y de no tener que elegir. Deja que las cosas sucedan”. Ahora se ha aplicado a conciencia con ello: “Hacer cine en el teatro es el mismo error que hacer teatro en el cine. En ningún momento me planteé cómo hacer el plano secuencia de Luis en un escenario, porque la cámara es el espectador. Y otra cosa. Berlanga y Azcona fueron el ojo crítico del ciudadano español. Y hoy creo que en pocos ámbitos de la convivencia se le da la importancia que realmente tiene al ciudadano como en el teatro. El espectador es quien decide”. La trama reduce a un día las desventuras de un empresario catalán que quiere colocar sus porteros automáticos en una cacería con lo más rancio y poderoso de la élite política y social española. ¿En qué momento entró ahí el concepto de musical? “Porque yo creo que un retablo de comportamientos de unos pobres perdedores requiere un ritmo. Y eso viene del musical”. Echanove disfruta con el eco ineludible de La escopeta nacional en la realidad española, emponzoñada en el chapapote de la corrupción. “Yo planteo al público una situación para que tengan que mirarse en ese espejo. Si quieren reconocerse, estupendo. Si no quieren reconocerse, también es estupendo. Y si se ofenden o lo celebran, será maravilloso. Porque el teatro es un ámbito de libertad. Censurar una opinión o un criterio estético son señales evidentes del deterioro, incluso de la extinción de una generación o de un país. O de un mundo por elevación. Aceptar la censura, la autocensura o la imposición de un criterio... Eso no puede ser. Más allá de ideologías políticas, lo que siempre Rafael y Luis defendieron fue la libertad”.
Berlanga al cuadrado en el escenario
Una versión de ‘La escopeta nacional’ dirigida por Juan Echanove y una visión de la juventud de Luis García Berlanga escrita y protagonizada por su nieto Jorge se estrenan en el Teatro Español








