Martes 16 de junio. El reloj todav�a no ha dado las siete de la ma�ana cuando varios grupos de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (UDYCO) de la Polic�a Nacional irrumpen casi al un�sono en una veintena de viviendas repartidas por distintas comarcas gallegas. Llevan meses siguiendo el rastro de una organizaci�n presuntamente dedicada al tr�fico de grandes cantidades de coca�na desde las R�as Bajas hacia Portugal y Madrid, dos enclaves estrat�gicos desde los que la mercanc�a era redistribuida al resto del pa�s. La operaci�n se ha preparado al mil�metro y conocen bien a sus objetivos.Sin embargo, al cruzar la puerta de una modesta casa situada en Corbill�n, una peque�a parroquia de Cambados, algo se tuerce. All� reside Jonathan Se�or�ns Trigo, de 31 a�os y uno de los investigados por la Polic�a. Apenas transcurren unos minutos desde la irrupci�n cuando estalla un tiroteo cuyas circunstancias todav�a se investigan. El narcotraficante recibe un disparo en el hombro y es trasladado de urgencia al Hospital de Saln�s, donde fallece poco despu�s.La escena no tiene precedentes en la historia reciente del narcotr�fico gallego. Ni siquiera durante los a�os de la c�lebre Operaci�n N�cora, una redada hab�a terminado en un intercambio de disparos entre polic�as e investigados con un desenlace mortal.Corbill�n, en Cambados, escenario del operativo contra el narcotr�fico en el que muri� un hombre de 31 a�os tras un tiroteo con la Polic�a.EFECon el paso de las horas y una vez levantado el secreto de sumario, el alcance de la operaci�n termina por dibujarse con nitidez: 13 detenidos, cinco ingresos en prisi�n y m�s de un centenar de kilos de coca�na y hach�s intervenidos son el balance de un golpe que ha tra�do de vuelta un apellido que parec�a pertenecer ya a otro tiempo: los Charlines.Detr�s del entramado, en el escalaf�n m�s alto, la investigaci�n sit�a a Jos� Benito Charl�n Paz, Nino, y a Gabriel Charl�n, Chuchi, sobrinos del hist�rico patriarca Manuel, fallecido en 2021, y herederos de una saga que parec�a relegada al pasado. Pero lo revelador del caso no es tanto el regreso de un viejo apellido como las alianzas que hoy les permiten mantener su posici�n.EL NUEVO MAPA DEL NARCOLas pesquisas apuntan a que el grupo manten�a v�nculos con el c�rtel de los Balcanes, una poderosa confederaci�n de mafias serbias, albanesas y montenegrinas que se ha abierto paso hasta convertirse en uno de los actores m�s influyentes del mercado europeo de la droga, desplazando paulatinamente a las tradicionales organizaciones latinoamericanas. Sus nombres aparecen cada vez con mayor frecuencia asociados a las redes gallegas convertidas hoy en socios imprescindibles de quienes se han erigido en los nuevos amos del lucrativo negocio de la coca�na.�El narcotr�fico vive una expansi�n a escala global. Ha aumentado la producci�n, se han multiplicado las rutas de distribuci�n y tambi�n la actividad criminal que gira a su alrededor. Galicia, por supuesto, no ha quedado al margen de esa transformaci�n�, explica el fiscal antidroga de Pontevedra, Servando Ca��o.A su juicio, buena parte de este fen�meno responde a una profunda reorganizaci�n de la producci�n en origen y de las grandes rutas internacionales. Los grupos procedentes del este de Europa han ganado influencia y los narcotraficantes gallegos �se han visto obligados a relacionarse necesariamente con estas organizaciones�. El resultado es un mapa criminal muy distinto al de hace apenas unas d�cadas. Atr�s quedaron las viejas jerarqu�as, los clanes reconocibles y las figuras capaces de concentrar todo el poder.�Se acab� la �poca del gran capo gallego. Antes sab�as qui�n mandaba, qui�n trabajaba para �l y c�mo estaba organizada toda la estructura. Hoy eso casi ha desaparecido. Lo habitual es que distintos grupos se asocien para una operaci�n concreta, cambien de socios, se reorganicen y, en muchos casos, desaparezcan con la misma rapidez con la que surgieron�, matiza el gerente de la Fundaci�n Gallega contra el Narcotr�fico (FGCN), Fernando Alonso.La transformaci�n, sin embargo, no afecta �nicamente a la forma de organizarse. Tambi�n ha tra�do consigo una violencia cada vez m�s visible �Lo vemos cada semana en el Estrecho. Ah� est�n tragedias como la de los dos guardias civiles asesinados tras ser arrollados por una narcolancha. Y cada vez se decomisan m�s armas. Ya no hablamos s�lo de pistolas, sino de fusiles autom�ticos, calibres de guerra e incluso lanzagranadas. Son grupos con una capacidad econ�mica inmensa y para los que la violencia forma parte de su propia cultura. Si no se act�a con firmeza, acabaremos viendo una especie de andalucizaci�n de Galicia, con escenas que hasta hace poco nos parec�an imposibles�, advierte.EL NEGOCIO DE LAS R�ASPrecisamente por esa fragmentaci�n y ese reparto cada vez m�s especializado de funciones, las redes gallegas siguen ocupando una posici�n privilegiada dentro del engranaje criminal. Nunca controlaron la producci�n de coca�na, pero s� perfeccionaron como pocos el transporte, la log�stica y la introducci�n de la mercanc�a a trav�s de la costa. El profundo conocimiento de las r�as, una larga tradici�n ligada a la navegaci�n clandestina y una extraordinaria capacidad de adaptaci�n las han convertido en piezas muy codiciadas y les permiten negociar desde una posici�n de fuerza.Seg�n diversas fuentes policiales consultadas por Cr�nica, habitualmente reciben �alrededor del 30% del cargamento� como pago por una operaci�n, aunque la cifra puede variar en funci�n de la complejidad del alijo.La explicaci�n de esa permanencia hay que buscarla tambi�n en su capacidad para evolucionar. Desde la direcci�n de Vigilancia Aduanera en Galicia explica que las organizaciones han sofisticado notablemente sus medios y operan con una capacidad t�cnica cada vez mayor. �Las comunicaciones han mejorado much�simo y utilizan equipos cada vez m�s avanzados. Nos encontramos con sistemas encriptados, radares marinos de �ltima generaci�n y, en algunas operaciones, incluso con inhibidores de frecuencia�, se�ala.Esa creciente sofisticaci�n ha dado lugar a desaf�os que hasta hace poco parec�an propios de una novela. El ejemplo m�s llamativo son los narcosubmarinos, un mito del crimen organizado asociado casi siempre a las rutas americanas que el pasado septiembre adquiri� una dimensi�n muy distinta al ser interceptada por primera vez la tripulaci�n de uno de estos sumergibles tras alcanzar la costa gallega con 3,6 toneladas de coca�na a bordo.LA RETAGUARDIA PORTUGUESAVigilancia Aduanera recuerda que las R�as Bajas y la Costa de la Muerte contin�an siendo dos de los principales puntos calientes del tr�fico mar�timo de droga. Y por tierra, la hist�rica relaci�n con Portugal, heredada en parte de las viejas rutas del contrabando de tabaco, permiti� durante a�os que numerosas organizaciones trasladaran all� parte de su infraestructura. En territorio portugu�s se fabricaban, almacenaban y reparaban narcolanchas aprovechando una legislaci�n m�s permisiva, convirtiendo al pa�s vecino en una suerte de retaguardia log�stica para estas redes.La situaci�n podr�a empezar a cambiar ahora que Portugal ha endurecido su legislaci�n y castiga la fabricaci�n y posesi�n de estas embarcaciones con una normativa muy similar a la espa�ola. Los investigadores creen que ello �reducir� parte de esa actividad�, aunque nadie se atreve todav�a a aventurar cu�l ser� el siguiente movimiento de unas redes que han hecho de la adaptaci�n una de sus principales fortalezas.Porque si algo demuestra la historia reciente del narcotr�fico en Galicia es precisamente eso: cambian los nombres, se modifican las rutas y las alianzas se rehacen una y otra vez, pero siempre aparece alguien dispuesto a mover la mercanc�a que llega desde el otro lado del Atl�ntico.Por eso tampoco sorprende que ciertos apellidos reaparezcan una y otra vez en los sumarios judiciales. Ha ocurrido ahora con los Charlines. Ocurri� antes con Sito Mi�anco. Cambian de posici�n, se adaptan a las nuevas reglas o se mantienen en un discreto segundo plano, pero rara vez desaparecen del todo.LA MEMORIA DE TONINAPocas personas contemplan esa persistencia con tanta amargura como Tonina D�az. Se qued� viuda siendo muy joven y tuvo que sacar adelante sola a sus dos hijos, ambos atrapados a�os despu�s por la adicci�n. Lejos de resignarse, convirti� aquel dolor en una forma de lucha. Fue una de las fundadoras de �rguete y uno de los rostros m�s reconocibles de aquellas madres gallegas que, en los a�os ochenta, decidieron se�alar a los se�ores de la coca�na cuando hacerlo supon�a enfrentarse al miedo, al silencio y, en ocasiones, a la incomprensi�n de su propio entorno.Antonina D�az, 'Tonina', una de las hist�ricas madres contra la droga, posa en Vigo con una fotograf�a del intento de derribar la puerta del Pazo Bai�n, antigua propiedad de Laureano Oubi�a.Rosa G�nzalezRecorri� colegios e institutos, particip� en protestas y denunci� p�blicamente a quienes muchos prefer�an no incomodar. Por eso hoy asiste con una mezcla de incredulidad y tristeza a la rehabilitaci�n social de algunos de aquellos nombres, convertidos casi en personajes populares que conceden entrevistas, comercializan sus propios productos y acumulan seguidores en las redes sociales. �Por mucho que luch�ramos, ellos siguen ah�. A veces tengo la sensaci�n de que la gente ha olvidado todo el da�o que hicieron. Mientras nosotras enterr�bamos a nuestros hijos y nos dej�bamos la vida intentando salvarlos, ellos se enriquec�an con la droga. Y ahora algunos se pasean como si nada hubiera ocurrido�, lamenta.Se rebela especialmente contra la idea de que todo aquello pertenezca al pasado. Porque, insiste, el verdadero rostro del narcotr�fico nunca fueron los grandes nombres ni los alijos millonarios, sino las vidas que dej� destrozadas a su paso y las familias que todav�a cargan con sus consecuencias. �Es una pescadilla que se muerde la cola. La droga genera dependencia, la dependencia genera delincuencia y esa delincuencia vuelve a alimentar el negocio. Hace cuarenta a�os salimos a la calle porque no nos dejaron otra opci�n. Hoy tendr�amos los mismos motivos o m�s para hacerlo otra vez�.Los nombres cambian, las rutas se transforman y las organizaciones se adaptan a los nuevos tiempos. Sin embargo, la amenaza permanece. Sigue llegando por mar, buscando nuevas rutas, nuevos aliados y nuevas formas de infiltrarse. Como las mareas que durante d�cadas han golpeado la costa gallega, nunca termina de retirarse por completo.