México no enfrenta una falta de proyectos eléctricos, sino una falta de sincronía entre generación, transmisión, gas natural y almacenamiento. La expansión del Sistema Eléctrico Nacional revela una paradoja: el país ha diseñado una cartera de generación ambiciosa que, bajo ciertos supuestos de planeación, podría superar algunas metas oficiales. Sin embargo, esa cartera parece avanzar más rápido que parte de la infraestructura que debería sostenerla. La revisión de adjudicaciones, planes de transmisión, diagramas unifilares y necesidades de gas natural sugiere que la generación está definida, mientras la red eléctrica y el transporte de gas aún requieren obras, permisos y calendarios firmes. La frase que mejor sintetiza el hallazgo es simple: la expansión está concebida, pero no está sincronizada.

El primer elemento que evidencia esta falta de sincronía es la distribución geográfica de la nueva capacidad. De los 7,411 MW adjudicados, más del 60 por ciento se concentra en dos regiones con restricciones operativas relevantes: la Península y el Noreste. En la Península se colocaron 2,400 MW sobre una red con interconexión limitada, transformadores saturados y corredores críticos cerca o por encima de su capacidad. En el Noreste, los 2,100 MW adjudicados recaen sobre un sistema donde algunas condiciones de contingencia N2 —la pérdida simultánea de dos elementos críticos— ya muestran incumplimientos operativos, y la subestación Monterrey Potencia opera al 97 por ciento. Mientras tanto, regiones con holgura —Occidental, Norte, Bajío y Noroeste costero— quedaron subutilizadas. Occidental sólo alcanzó el 20 por ciento de su meta y acumuló 16 procesos desiertos por restricciones de red. Esta asimetría refleja una adjudicación no alineada con la capacidad real de evacuación: aquella capaz de transportar la energía hacia los centros de consumo.