No hace falta una decoración perfecta ni una técnica de pastelería de concurso para que un postre se quede grabado. A veces basta con una bandeja, unas galletas bien mojadas, una crema con cuerpo y ese rato de nevera que convierte algo sencillo en una merienda de las que desaparecen solas.

Justo por ahí entran las mejores recetas de tarta de la abuela, un terreno donde caben el recuerdo del cumpleaños en casa, el postre de domingo y esa receta que parecía humilde hasta que llegaba el primer corte. Hablar de ellas no es hablar de una sola tarta cerrada y exacta, sino de toda una familia de elaboraciones caseras que comparten el mismo encanto: ingredientes corrientes, montaje sin demasiada ceremonia y un resultado que sigue funcionando década tras década.

Está la versión clásica de galletas y chocolate, que en muchas casas se remata con una capa brillante por encima y un interior blando que casi se deshace. También aparece la que tira de natillas o de crema pastelera, más suave y más golosa, con ese punto de cuchara espesa que se agarra bien a cada capa. Otras veces el camino va por el flan, por un toque de café o por mezclas que se han ido adaptando de cocina en cocina sin dejar de sonar familiares.