NoticiaEl mandato de De la Espriella medirá su gobernabilidad en Bogotá mediante debates de seguridad, el futuro del metro y la reforma de competencias.Abelardo de la Espriella Foto: Daniel Fernando López22.06.2026 15:42 Actualizado: 22.06.2026 15:48

Una vez conocidos los resultados del preconteo, que perfilan a Abelardo de la Espriella como el próximo presidente de Colombia, surge una pregunta inevitable. Cómo será la relación de su gobierno con Bogotá.La respuesta no parece sencilla. De entrada, tendrá que entenderse con un alcalde que ya recorre la mitad de su mandato y que no tuvo una relación fácil con el presidente saliente, especialmente en asuntos de seguridad y movilidad, además de las tensiones ambientales. Con De la Espriella, esas diferencias no necesariamente desaparecerán. Incluso podrían adquirir un tono distinto, más frontal y más político.El primer choque puede darse en seguridad. Es previsible que De la Espriella quiera liderar personalmente una estrategia de orden público en la capital, en coherencia con el discurso de mano dura que marcó su campaña. Bogotá será una prueba temprana para ese enfoque, sobre todo si sectores radicalizados intentan recibir al nuevo gobierno con bloqueos y actos de vandalismo en las calles.La respuesta del presidente podría entrar en tensión con la forma en que Galán ha venido manejando la protesta social. Eso se verá reflejado en los lineamientos de acción de la fuerza pública frente a bloqueos a TransMilenio y afectaciones al espacio público alrededor de algunos entornos universitarios, como ha ocurrido históricamente en zonas cercanas a la Universidad Pedagógica, Nacional y Distrital.El otro frente de seguridad tiene que ver con la manera en que se va a combatir el delito urbano. Bogotá sigue enfrentando problemas graves de hurto y extorsión, además del avance del microtráfico y de estructuras criminales que operan en distintas localidades. Frente a esto, será clave conocer la propuesta concreta del gobierno entrante sobre delitos de alto impacto, reincidencia y capacidad carcelaria. También será necesario saber cómo piensa enfrentar el porte ilegal de armas y los delitos cometidos por menores de edad.En movilidad, la relación tampoco estará libre de tensiones. Está pendiente conocer cuál será la posición del nuevo gobierno frente a la segunda y la tercera línea del metro, así como frente a los proyectos de Regiotram que dependen de cofinanciación nacional. El problema es que De la Espriella recibirá unas finanzas públicas estrechas y tendrá que tomar decisiones en medio de una realidad fiscal compleja.También está pendiente conocer su posición frente a la futura Ley de Competencias, que debe reglamentar la reforma al Sistema General de Participaciones. El debate no estará solo en cuántos recursos reciben los gobiernos locales. También estará en quién responde por los servicios, con qué capacidades institucionales y con qué garantías de financiación. Si la Ley de Competencias traslada responsabilidades sin recursos suficientes, la promesa de descentralización puede convertirse en una carga fiscal y política para alcaldes y gobernadores. En ese escenario, el nuevo gobierno enfrentaría una tensión temprana con las entidades territoriales, especialmente con aquellas que tienen mayores necesidades sociales y menor capacidad institucional.La situación será aún más difícil si el gobierno entrante insiste en reducir el 40 por ciento el tamaño del Estado. Otro punto no menor será la posición de De la Espriella frente a los temas ambientales. El gobierno Petro dejó en firme decisiones que limitan la expansión urbana y condicionan los usos del suelo en Bogotá y varios municipios de Cundinamarca. Aunque estas medidas se justifican en la protección del agua y del suelo rural, también impactan intereses inmobiliarios y proyectos de infraestructura. Entre ellos está la ampliación de redes eléctricas necesarias para la región.Lo cierto es que la relación entre De la Espriella y Bogotá no puede leerse únicamente desde la afinidad o distancia política con Galán. La capital será uno de los principales escenarios donde se pondrá a prueba la capacidad del nuevo presidente para gobernar con autoridades locales que tienen legitimidad propia. También será una prueba para saber si puede atender problemas urbanos que no se resuelven solo con discurso nacional.Ahora está por verse si De la Espriella se la juega a fondo por financiar más proyectos en Bogotá o si decide concentrar su capital político y presupuestal en otras ciudades. También está por verse si su promesa de orden logra traducirse en una política de seguridad efectiva sin exacerbar el conflicto social y la protesta en la capital. En todo caso, la relación con Bogotá será una de las primeras pruebas de gobernabilidad del nuevo presidente.ÓMAR ORÓSTEGUIDirector Govlab Universidad de La Sabana Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.