NoticiaEl auge de motos en Bogotá exige proteger vidas sin tolerar infracciones. Tras 147 muertes y 67% de siniestros fatales, se prioriza el respeto vial.Motocicletas invaden los carriles peatonales. Foto: Mauricio Moreno EL TIEMPO22.06.2026 12:28 Actualizado: 22.06.2026 12:28
El creciente uso de la moto en Bogotá es una realidad con variados y complejos factores sociales y económicos. Para miles de personas representa una herramienta de trabajo y una alternativa para moverse en la ciudad. Por eso, proteger la vida de quienes se desplazan en este medio de transporte, al igual que todos los demás actores viales, es una prioridad, pero proteger no significa permitirlo todo: también significa hacer respetar las normas.En la ciudad estamos viendo conductas que no pueden normalizarse: motociclistas que circulan por andenes, invaden ciclorrutas, transitan en contravía, irrespetan las señales de tránsito y exceden los límites de velocidad. Las consecuencias son dramáticas. Con corte al 11 de junio de este año, 147 motociclistas han perdido la vida en las vías de la ciudad. Además, las motocicletas han estado involucradas en, por lo menos, el 67 % de los siniestros fatales registrados en Bogotá.Autoridades controlan a motociclistas que invaden los andenes.FOTO MAURICIO MORENO EL TIEMPO Foto:MAURICIO MORENO1. El incumplimiento sistemático de las normas de tránsitoEl exceso de velocidad, las maniobras peligrosas, la invasión del espacio peatonal, la conducción temeraria y el desafío a la autoridad ponen vidas en riesgo. Cuando un motociclista evade las normas, además de incrementar sus propios riesgos y los de su acompañante, está generando un riesgo a los demás actores.2. Aumento de las agresiones contra agentes civiles y policías de tránsitoHemos registrado casos preocupantes de agresión por parte de motociclistas contra nuestros agentes civiles y policías de tránsito, tanto en procedimientos de control como en otras intervenciones relacionadas con el ejercicio de sus funciones. Una ciudad no funciona y no puede proteger a sus ciudadanos si cada quien decide incumplir las normas a su propia conveniencia. Vivir en sociedad exige aceptar que hay límites, consecuencias y una autoridad con el deber de intervenir cuando una conducta pone en peligro a los demás3. La desinformación sobre las medidas de controlA eso se suma la narrativa según cualquier acción o elemento para ejercer control y autoridad, como las cámaras de fotodetección, los controles de velocidad o los operativos en vía existen para perseguir motociclistas o para recaudar dinero.Nada más alejado de la realidad. El control no es persecución; es prevención.4. La reincidencia en conductas de alto riesgoLa pedagogía es indispensable, pero no reemplaza la sanción cuando las normas se incumplen, y especialmente, cuando cometer infracciones es costumbre.Por eso, como autoridad de tránsito y transporte iniciamos el proceso de suspensión de licencias de conducción por reincidencia para motociclistas, con especial atención en motociclistas con conductas reiteradas que ponen en riesgo a la ciudadanía.En la administración del alcalde Galán hemos tomado decisiones que no siempre son populares, pero sí necesarias para proteger la vida de todos los actores viales. Hemos fortalecido los operativos de control, la pedagogía en vía, la regulación de condiciones de circulación y el uso de tecnología para focalizar los puntos de mayor riesgo. Implementamos medidas de infraestructura segura, como los resaltos parabólicos en corredores principales, diseñados para gestionar la velocidad y reducir la gravedad de los siniestros.En fechas críticas, como Halloween, adoptamos restricciones parciales a la circulación de motocicletas en horarios y corredores de alto riesgo. Los resultados demostraron que cuando la ciudad actúa con evidencia, coordinación y autoridad, se salvan vidas.Mi mensaje a los motociclistas es claro: esta ciudad los necesita vivos. Sus familias los necesitan vivos. Sus trabajos, sus proyectos y sus sueños los necesitan vivos. Pero para eso no basta con exigir respeto; también hay que cumplir las normas.No basta con pedir vías más seguras; también hay que conducir de manera segura. No basta con reclamar derechos; hay que cumplir deberes. Las reglas no están hechas contra los motociclistas. Están hechas para protegerlos. Y cuando algunos deciden romperlas de manera reiterada, tenemos que responder con autoridad.Una ciudad se mueve mejor y más segura cuando entendemos que cumplir las normas no es ceder libertad: es cuidar la vida.Claudia Díaz, secretaria Distrital de Movilidad Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.












