En el otoño de 2022, OpenAI lanzó ChatGPT y la inteligencia artificial se convirtió inmediatamente en el gran tema de conversación laboral, oscilando entre la esperanza por un incremento histórico de la productividad y el temor a la pérdida de millones de puestos de trabajo que quedarían desfasados. Un miedo alimentado de manera entusiasta por los directivos de las grandes empresas desarrolladoras, pero al que sucumbieron también los economistas y políticos responsables de las políticas de empleo en todo el mundo. España no fue una excepción: el SEPE augura que un 10% de los empleos desaparecerán por la automatización. Sin embargo, ninguno de los pronósticos se está materializando en sus propias estadísticas de empleo.Durante estos cuatro años, la IA generativa no ha dejado de evolucionar y los algoritmos basados en grandes modelos de lenguaje (LLMs) han pasado de los chatbots que generan textos, imágenes y búsquedas de información a complejos agentes que participan en todos los flujos de producción de las empresas. Esta tecnología se ha convertido en el motor de inversiones billonarias y el elemento tractor de los mercados financieros, que esperan con entusiasmo las próximas salidas a bolsa de Anthropic y OpenAI.