CatalejoUrgen cambios electorales sobre participación voluntaria, partidos diz que políticos y aspirantes autonombrados.

Una horda es una multitud desordenada e indisciplinada, a menudo violenta y caótica, según indica el Diccionario de la Lengua Española. Esta definición cabe cómodamente en varias entidades de Guatemala, entre ellas las municipalidades y el sistema electoral, debido al rechazable desorden en el concepto de autonomía, considerado un libertinaje total para los alcaldes, y también en la libertad de conseguir nombres de ciudadanos ya sea por amenazas, convicciones o compra de firmas para crear más “partidos” políticos. Son 25 y están en proceso otros 20 en el Tribunal “Supremo” Electoral, entre comillas porque sus decisiones son sujeto de amparos y de toda clase de trabas, con lo cual crece sin detenerse el negocio de crearlos, junto con el hastío ciudadano.

Crear un “partido” de esta clase es invertir fondos con el fin de obtener ganancias por su venta, o cumplir su meta de obligar a la segunda vuelta, algo imposible porque ninguno puede obtener la mitad más uno para salir victorioso en la primera ronda. Esto no es casualidad, sino consiste en un plan de numerosos y supuestos “líderes políticos”. Todo esto se confirma plenamente con la participación constante de personajes nebulosos, quienes sueñan con lograr el segundo puesto en la primera elección y así participar en la vuelta definitiva, donde prácticamente ninguno de ellos logra votos favorables adicionales a los logrados en la primera vuelta, y si los obtiene es porque los ciudadanos votan contra alguno de esos dos, o por quien consideran “menos pior”.