CineCinemajove enmudece entusiasmado con la pel�cula de los estadounidenses Kevin Walker y Jack Auen, un vertiginoso juguete borgiano que inventa el noir de bibliotecaAnne Laure Sellier en un momento de Chronovisor.Actualizado Domingo,
junio
21:35"El di�metro del Aleph ser�a de dos o tres metros, pero el espacio c�smico estaba en �l, sin disminuci�n de tama�o". La cita es la m�s famosa de El Aleph y aunque solo sea porque Borges al lado de Umberto Eco, bibli�filo con bibli�filo, espejo frente a espejo, aparecen mencionados en los r�tulos al final de Chronovisor bien est� la cita. La pel�cula de los estadounidenses debutantes Kevin Walker y Jack Auen irrumpi� el s�bado en el Festival Cinemajove como solo lo hacen las revelaciones: sin pedir permiso y completamente ajena a normas, tradiciones o sentido de la medida. Previamente estrenada en R�terdam y con el aspecto de cita obligada, toda la cinta est� concebida para ser le�da. S�, han le�do bien. De principio a fin, libro sobre libro, revista sobre revista, texto sobre texto, el espectador es invitado a seguir la pista del mayor de los misterios, un enigma que crece, se expande y alcanza a dar cobijo, no lo duden, al universo entero desde la m�s rid�cula y vulnerable de sus criaturas a, atentos, la propia conciencia del espectador. Un dispositivo, el chronovisor del t�tulo, para ver en el que al final, en efecto, te ves. El matiz (como nos avis� el propio Aleph) importa.B�sicamente, se trata de la investigaci�n que desde la actualidad una erudita, a la que da vida Anne Laure Sellier, lleva a cabo para dar con la clave del aparato de marras. El chronovisor, lo crean o no, ocup� buena parte de la actualidad m�s extravagante de los a�os 50 y 60. Se trataba de un supuesto dispositivo de observaci�n del pasado inventado por el monje benedictino Marcello Pellegrino Ernetti. Seg�n este hombre que habr�a compartido la invenci�n con Enrico Fermi y Wernher von Braun, la m�quina funcionaba captando la radiaci�n electromagn�tica y las ondas sonoras que los eventos hist�ricos emit�an a�n en el presente. En verdad, su argumento, o el argumento al que se atreve la pel�cula, es m�s ambicioso. Todos vivir�amos seg�n la tesis de este hombre que tiempo atr�s presumi� de haber contemplado la mism�sima crucifixi�n de Cristo atravesados por un tiempo �nico en el que presente, pasado e incluso futuro coincidir�an. La realidad del aqu� y ahora ser�a algo as� como la �nica a la que alcanzan nuestros pobres sentidos. Pero con el chronovisor la cosa cambia. Entonces, como el propio Aleph, todo el cosmos estar�a a nuestro alcance. Todo �l con todos sus secretos m�s peligrosos. El chronovisor no solo ve el pasado, tambi�n ve cualquier wasup. Por no mencionar lo que custodian carpetas con Top Secret en el lomo. �Fascinante? �Rid�culo? �Las dos cosas?La cinta de Walker y Auen parten de aqu� para en un minucioso, extravagante y muy anal�gico trabajo de hemeroteca componer un thriller absorbente, inaudito y completamente in�dito. El espectador es invitado a introducirse en la mente de la protagonista y �nico personaje y, a trav�s de cada una de sus minuciosas lecturas, leer con ella y perderse en un laberinto, que tambi�n es biblioteca, que tambi�n es espejo, que tambi�n es Borges. Y Eco. Solo de tanto en tanto, la continuidad lectora, llam�moslo as�, es rota por una llamada de tel�fono o por un lev�simo interludio en las calles de Nueva York donde discurre la no-acci�n que se antoja memorable de puro vertiginoso.Rodada en celuloide con el gramaje de las tesis doctorales o manuscritos de otro tiempo, con una fotograf�a de un claroscuro propia de Caravaggio tan cerca del suspiro, y con una banda sonora de Gustav Holst casi mesm�rica (signifique esto lo que signifique), Chronovisor avanza con el aliento suspendido convencida de ofrecer al espectador lo que pocas pel�culas han logrado nunca: la representaci�n perfecta no de una pesadilla, sino de su propia pesadilla. Un artefacto, dec�amos, para ver que te ve y, apurando, se ve a s� mismo como un Funes memorioso detenido en la contradicci�n de recordarlo todo, de verlo todo... hasta su propia muerte. "Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno". Esta es otra cita de Borges, de La biblioteca de Babel, y vale igual. El noir de biblioteca acaba de ser fundado.













