Una exposición en Barcelona analiza muy evocadoramente el fenómeno temporal desde la ciencia y la cultura

“Montado en esta máquina”, dijo el Viajero a través del Tiempo, “me propongo explorar el tiempo”. Y ahí estaba la máquina. Envuelta en una misteriosa penumbra que no era la del laboratorio del protagonista de la inolvidable novela de H. G. Wells (La máquina del tiempo, que dio pie a la película de 1960 El tiempo en sus manos), sino la de la evocadora muestra La invención del tiempo que puede visitarse en el Centro Martorell de Exposiciones (antiguo Museo de Geología), en el parque de la Ciutadella de Barcelona.

Más allá de que está el mundo para reflexionar sobre el tiempo (perdido) y los horarios de los trenes, encontrarte con la mismísima máquina del tiempo un jueves en un museo es una experiencia que te deja boquiabierto. Y además, puedes subirte. Te instalas con temor reverente en el asiento, pones cara de Rod Taylor, y la mano se te escapa a la palanca de control. El corazón se acelera al accionarla. ¿Adónde vamos?, ¿pasado o futuro?, ¿el reinado de los dinosaurios o el final de la Tierra? Estremece pensar en que si como el viajero del tiempo te arrastran la máquina los siniestros Morlocks igual a la vuelta vas a parar al vecino Hivernacle.