Las tardes en el parque, los cumpleaños, los juegos, las vacaciones en la playa y las comidas en el recreo del colegio son parte de los recuerdos que vienen a la mente de nuestra infancia.El cerebro humano tiene una tendencia natural a mirar hacia el pasado con cierta comprensión: elimina parte de los recuerdos negativos y conserva aquellos que nos ayudan a construir una historia más amable de la infancia. Rememorar lo bueno es una de las formas en las que nuestra mente protege nuestro bienestar. Sin embargo, no todas las infancias fueron tan felices como las imaginamos. PublicidadLa psicología explica por qué los nacidos después de 1990 se quiebran más fácil que sus padres y abuelosMuchas experiencias que en su momento fueron difíciles, dolorosas o incluso traumáticas quedaron escondidas en esa memoria selectiva que aparece con los años y forman parte de esa ‘mochila invisible’ que cada persona carga.En medio de esta reflexión sobre cómo recordamos nuestros primeros años de vida, el psicólogo Peter Gray expone al portal digital español Ok Diario una conclusión: las personas nacidas entre 1960 y 1970 fueron las últimas en experimentar un tipo de infancia marcada por una libertad, una autonomía y unas experiencias que hoy resultan mucho menos habituales, de acuerdo a sus estudio sobre el desarrollo infantil. Sin pantallas y con más libertadLa generación nacida entre las décadas de 1960 y 1970 creció en un contexto diferente al actual. No había teléfonos móviles, redes sociales ni entretenimiento disponible a cualquier hora. PublicidadPublicidadLos niños pasaban gran parte del día fuera de casa, jugando en la calle, resolviendo conflictos con otros niños y explorando su entorno sin una supervisión constante.¿Pueden padres con heridas criar hijos emocionalmente sanos?Gray, investigador especializado en psicología del juego, señala al medio español que estas experiencias fueron fundamentales para desarrollar capacidades como la independencia, la confianza en uno mismo y la tolerancia a la frustración.En sus investigaciones, ha defendido que el juego libre, que no está organizado ni dirigido por adultos, tiene un papel esencial en la formación emocional de los niños. Cuando un niño decide a qué jugar, cómo resolver un problema o cómo enfrentarse a una discusión con sus compañeros, está entrenando habilidades que después serán necesarias durante la vida adulta, reseña el especialista al diario Ok Diario.Aprender a gestionar el aburrimientoEn los estudios se analiza que los niños de generaciones anteriores tenían largos periodos de tiempo sin entretenimiento inmediato. No existía TikTok ni Instagram, ni videojuegos ni dispositivos que captaban la atención durante horas.El aburrimiento obligaba a inventar juegos, construir refugios, imaginar historias o buscar nuevas formas de divertirse. Esos momentos, coinciden expertos, ayudaban a desarrollar creatividad, paciencia y la capacidad de estar con uno mismo sin necesitar estímulos permanentes.PublicidadEn la actualidad, en cambio, muchos niños crecen con acceso inmediato a contenido y entretenimiento, lo que -detalla el experto al medio español- puede dificultar la tolerancia a los momentos de espera o vacío.Responsabilidades formaban el carácterLas tareas cotidianas, como cuidar a hermanos pequeños, hacer recados, lavar platos o cumplir con otras pequeñas responsabilidades familiares, tenían un impacto psicológico importante: enseñaban que sus decisiones tenían consecuencias y que podían contribuir al funcionamiento del entorno que les rodeaba, explica el psicólogo.A esto se denomina “locus de control interno”: la sensación de que nuestras acciones influyen en lo que ocurre a nuestro alrededor. Esto es, añade, una característica relacionada con una mayor capacidad para afrontar dificultades.Problemas cara a caraLos conflictos entre niños se resolvían en persona. Una discusión en el colegio implicaba volver al día siguiente y encontrarse con la otra persona, negociar, pedir perdón o aprender a convivir.Sin mensajes, redes sociales ni posibilidad de desaparecer tras una pantalla, los niños tenían que desarrollar herramientas para gestionar emociones, entender a los demás y afrontar situaciones incómodas.Para los expertos, esa exposición temprana a pequeños problemas cotidianos ayudaba a construir una mayor resistencia emocional.La generación que aprendió a resistirSegún los estudios de Gray, las personas nacidas entre 1960 y 1970 no tuvieron necesariamente una infancia perfecta, ni estuvieron libres de problemas. También, se indica que vivieron dificultades, carencias y situaciones familiares complicadas. Sin embargo, el entorno en el que crecieron les permitió desarrollar una serie de habilidades que hoy parecen menos frecuentes.Jugar sin vigilancia, aburrirse sin tecnología, caminar largas distancias, enfrentarse a pequeñas frustraciones y asumir responsabilidades fueron experiencias que -de acuerdo a las investigaciones- moldearon su manera de enfrentarse al mundo. (I)
La psicología lo explica: Por qué los nacidos entre 1960 y 1970 tuvieron una infancia realmente feliz
Estas personas experimentaron una etapa marcada por libertad, autonomía y experiencias que hoy resultan mucho menos habituales.
Psicólogo Peter Gray documenta que generación 1960-1970 desarrolló resiliencia emocional mediante juego libre sin pantallas. Contraste generacional muestra impacto de ambientes early-life en problem-solving y tolerancia al estrés, clave para equipos multigeneracionales.








