Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.Jorge Luis Borges retratado en el año 1977. / Sophie BassoulsHabía entrado a la reunión con una sonrisa perdida, dirigida desde su ceguera a todos los que lo recibíamos en esa casa. Estábamos en Austin, era el año 1983 y Borges, sostenido del brazo de María Kodama, era inmensamente feliz. Por entonces, llevaba un tiempo modestamente entregado a la fama. En ese viaje había vuelto a la Universidad de Texas, que en 1961 lo había acogido como profesor. Al sentarnos en la mesa a comer una paella que nos había preparado el profesor Arocena, Borges expresó su gusto por el plato: “He esperado ochenta y cuatro años para comer esta paella”. Al final de esa noche, llena de anécdotas, pidió a María Kodama recitar el padrenuestro en anglosajón. Después de escucharla, mi amigo Ángel Delgado recitó la misma oración en latín y cuando me llegó el turno, repetí unas líneas de Eguren, uno de sus poetas preferidos. Fue una noche de recitales improvisados. Conforme a los criterios deTipo de trabajo: OpiniónBasada en la interpretación y juicio de hechos y datos hechos por el autor.