Hasta hace unos años el verdadero termómetro de la popularidad de un artista o grupo musical era grabar un concierto acústico para la serie MTV Unplugged. Hoy, ese sello de consagración se trasladó al Tiny Desk, los conciertos breves que se realizan detrás de un escritorio abierto en la sede de la radio pública de EE UU (NPR) en Washington. Grupo Frontera llegó a ese peculiar escenario el 24 de abril de 2025, interpretando cinco baladas norteñas en 20 minutos, una actuación que le permitió conectar con una audiencia distinta. Ensayaron seis días para cumplir con el compromiso. “Te ven todos los trabajadores de la oficina”, recuerda Alberto Acosta, guitarrista de la agrupación. Aquel día, sin embargo, el público más entusiasta no estaba en esa redacción de noticias, sino en la cocina de NPR. Los empleados que preparan alimentos y lavan platos no pudieron disfrutar de sus canciones porque estaban en plena jornada laboral. Al finalizar el set, los seis integrantes decidieron ir hasta allí para tocar el tema El amor de su vida. Fue un segundo Tiny Desk, improvisado e íntimo, que nunca apareció en el canal de YouTube de NPR. “Estuvo perro”, resume Acosta.Esta es una escena habitual para estos músicos que se han convertido en un fenómeno del regional mexicano. En cualquier restaurante al que llegan, ya sea en México o en Estados Unidos, suele ocurrir lo mismo: algún mesero se acerca para pedirles un favor, que pasen a la cocina a saludar a los trabajadores. “Nuestro público es la raza, el que anda en la pizca, el jardinero”, dice Juan Javier Cantú, el acordeonista de la agrupación. “En la industria, quien solo lo hace por dinero y por fama ya no funciona, porque ya no estás conectando con tu gente”, reflexiona.Gran parte de sus seguidores son trabajadores que pasan desapercibidos para la mayoría: quienes laboran en los espacios privados de los restaurantes, levantan edificios en obras de construcción o mantienen los jardines impecables en ciudades estadounidenses. Es también una comunidad que hoy vive bajo presión por el endurecimiento de las políticas migratorias de la Administración de Donald Trump y el aumento de las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Los integrantes de Grupo Frontera —banda nacida Texas, a solo un salto de la frontera de EE UU con México— dicen que no son ajenos a esa persecución. “Nosotros queremos que todo esto se arregle. Porque es algo triste lo que está pasando en nuestro país. Lo vemos con nuestros trabajadores, con gente cercana. Sí nos duele”, comenta Cantú.Ven los efectos negativos de la mano dura de Trump “más cercana de lo que piensan”, afirma por su parte el cantante del grupo, Adelaido Payo Solís III. El baterista de la banda, Carlos Guerrero, lo confirma: “Nosotros que vivimos allí (en la ciudad fronteriza de McAllen) lo vemos a diario. Es triste, pero estamos en la lucha y firmes”.Días después de publicar su nuevo EP Con Dolor el 28 de mayo, los músicos conversaron con EL PAÍS en un rascacielos del centro de Los Ángeles, donde se alojaron mientras participaban en actividades relacionadas con la Copa del Mundo. Grabaron una canción vinculada al torneo para una cadena de televisión hispana. Su paso por la ciudad fue apenas una pausa tras una gira por Centroamérica y México. En unos días partirán hacia Europa para presentarse en París, Londres, Zúrich, Barcelona y Madrid, antes de concluir el recorrido del tour Triste Pero Bien C*abrón en su casa, Estados Unidos. Se trata de la gira más ambiciosa de su carrera y, para ellos, es una muestra del alcance internacional que ha adquirido la música mexicana. Un fenómeno impulsado por artistas como Peso Pluma, Carín León, Natanael Cano y Fuerza Régida. “La música mexicana está en un punto en que es muy aceptada en muchos lugares. Antes no se veía a artistas del género llenando estadios o arenas. Que nuestra música llegue tan lejos, que estemos a punto de hacer una gira por Europa, es algo que no cualquiera logra. Lo tomamos con mucho orgullo y con mucho respeto”, dice Carlos Guerrero, el baterista.De fiestas locales a conciertos masivosEl ascenso de Grupo Frontera ha sido sobre todo vertiginoso. Pasaron, en apenas seis años, de amenizar fiestas de quinceañeras en el Valle del Río Grande, Texas, a conciertos masivos en los que agotan todas las entradas. El punto de inflexión les llegó en 2022, cuando su versión de la canción No se va se viralizó en redes sociales. No sería su límite. Un año después dieron el salto definitivo al estrellato con el tema UN X100TO, que grabaron a dueto con el astro boricua Bad Bunny. “Me queda un por ciento / Y lo usaré solo para decirte lo mucho que lo siento”, dice la composición. Basta con ver los once dígitos debajo del video para entender el tamaño del hit: 1.111.614.547 reproducciones en YouTube y contando. “La colaboración con Bad Bunny nos ayudó a que la industria nos respetara más”, afirma Solís. El puertorriqueño los invitó ese mismo año a compartir escenario en Coachella, uno de los festivales musicales más importantes del mundo. Fue otro check que hicieron en su carrera artística. La fama, sin embargo, no los ha alejado de McAllen, la ciudad fronteriza donde crecieron. La describen como un lugar que pueden recorrer de punta a punta en apenas 15 minutos, una realidad muy distinta a la de las urbes que ahora recorren. En su tierra siguen rodeados de vecinos que hablan español y que cruzan cotidianamente a México para hacer compras, acudir a consultas médicas y probar la sazón azteca. Lejos de representar una barrera, ese entorno moldeó su identidad artística y los impulsó a cantar en el idioma de sus padres, dicen ellos.“Antes decíamos: para los mexicanos no somos tan mexicanos y para los estadounidenses no somos tan estadounidenses”, recuerda Solís. “Nos preguntaban: ¿Cómo puedes cantar música en español si no hablas español? Pues eso mismo hizo Selena. No hablaba español perfectamente, pero lo cantaba. Cuando empezamos, yo fui mejorando el idioma”. La referencia a Selena Quintanilla no es casual. En la década de 1990, la llamada “reina del Tex-Mex” abrió camino desde Texas para generaciones de artistas criados entre dos culturas. Fue una de las primeras figuras en conquistar al público de ambos lados de la frontera, en una época en que gran parte de la música regional mexicana que se consumía en territorio estadounidense llegaba desde el otro lado del Río Bravo. Antes de ella, Chalino Sánchez, desde Los Ángeles, había logrado conectar con la comunidad migrante a través de los corridos. Después vendrían artistas y grupos como Lupillo Rivera, Jenni Rivera, Intocable y Gerardo Ortiz.El crecimiento de Grupo Frontera coincide con un momento de incertidumbre para ese género musical. En los últimos meses, varios artistas han enfrentado la cancelación de sus visas de trabajo, especialmente intérpretes de narcocorridos. Los integrantes del grupo observan la situación con preocupación, aunque confían en que el panorama cambiará pronto, para bien. “¿Qué pasa con la famosa ‘libertad de expresión’?”, pregunta el percusionista Julián Peña, dibujando comillas en el aire con los dedos. “Se supone que eres libre de cantar y hablar de lo que quieras en las canciones”.Solís cree que ha pasado lo peor. “Al principio sí se sentía más pesado, tanto por lo de las visas como por la gente que tenía miedo de ir a un concierto [por los operativos del ICE]. Pero siento que todo va mejorando”. En tiempos marcados por el debate migratorio y las tensiones políticas, estos músicos creen que sus cumbias cumplen una función que va más allá del entretenimiento. “Está dándole fuerza a toda la comunidad”, dicen.La lista de colaboraciones de esta agrupación es extensa: Shakira, Maluma, Carlos Santana, Morat, Christian Nodal... Han transitado entre la bachata, el country, el R&B, el reguetón y la música electrónica. Su siguiente objetivo es reforzar su propia identidad artística, apunta el acordeonista Juan Javier Cantú: “Queremos demostrar poco a poco que no somos solo los artistas de los featuring”.