En el umbral de un nuevo mundo, no se ve nada. Y dirás: pues lo que se ve, buf, ¡qué mala pinta! Qué va. Es peor lo que no se ve. Esta semana ha publicado The New York Times un reportaje escalofriante: el mayor experto del mundo en vídeos ultrafalsos o deepfakes ha dicho que ya no confía en sus ojos.

Hany Farid ha sido durante más de 20 años el más diestro en el campo de la investigación forense digital: le han hecho encargos los gobiernos, las organizaciones de derechos humanos, los medios de comunicación. Le enviaban un vídeo y él emitía su veredicto: verdadero o falso. Pero ya no puede. Uno de los últimos le bloqueó: era una secuencia viral que parecía mostrar un misil estadounidense en el momento de impactar en un colegio de Irán, en el que murieron más de 150 personas. Llegó a una conclusión difusa: no encontró pruebas de que fuera falso o manipulado. Pero tampoco pudo asegurar al cien por cien que fuera real. Su drama es el nuestro.