Todas las encuestas publicadas en el último año otorgan a Compromís más de un 20% de los votos si hoy se celebraran elecciones autonómicas. Pese a este resultado histórico —Mónica Oltra obtuvo un 18,71% en 2015, el mejor registro electoral de la coalición valencianista—, la suma con el PSPV-PSOE podría no ser suficiente para devolver la Generalitat a la izquierda en 2027 debido al desgaste en Madrid de la formación que dirige Diana Morant. Como consecuencia de la gestión de la dana y del impulso de Vox, los comicios del próximo año para presidir el Palau de la Generalitat podrían decidirse por un puñado de votos.
Ante esta tesitura, todas las fuerzas de izquierdas de la Comunitat Valenciana son conscientes de la importancia de no perder ni un solo voto. En 2023, 120.000 votantes progresistas que se quedaron en casa enviaron a socialistas y valencianistas a la oposición. También comparten la idea de que la marca Compromís debe ser el pal de paller sobre el que gire la unidad de la izquierda y que el candidato de ese espacio será el valencianista Joan Baldoví.
El acuerdo con Esquerra Unida del País Valencià está prácticamente cerrado y será, previsiblemente, el capítulo más sencillo. La alianza o integración con Podemos, como ya ocurrió en anteriores elecciones, se antoja más compleja, aunque existe voluntad por ambas partes de mostrarse razonables en sus exigencias y líneas rojas. Un puesto de salida en las listas por Alicante o Valencia para los morados, junto con un reconocimiento político visible, podría evitar que la formación de María Teresa Pérez e Irene Montero concurriera en solitario. Esquerra Unida y Podemos sumaron en 2023 alrededor de 88.000 votos, unos sufragios que, añadidos a la candidatura liderada por Compromís, podrían alterar significativamente el resultado electoral.











