Domingo. Quedan 10 minutos para que den las once de la mañana. Félix Bolaños, responsable de la Presidencia y Justicia, publica un escueto mensaje en X: “Mañana muy atentos al BOE”. El ministro quería generar expectación y poner el foco en la macroconvocatoria de jueces y fiscales que su departamento lanzaba al día siguiente. Lo consiguió, pero su publicación dio lugar a una catarata de insultos desde todo tipo de perfiles, algunos identificados y profesionales, que expresaban indignación y rabia porque Bolaños se había permitido el lujo de mencionar el BOE.Hay una nube tóxica y muchísimo ruido en torno a todo lo que hace el Gobierno, aunque sean medidas sin atisbo de sesgo ideológico como resolver el futuro de 700 aspirantes a jueces y fiscales. En el Pleno del Congreso de esta semana, el Gobierno logró la convalidación de dos decretos-leyes y se reactivaron dos leyes atascadas, pero, pasado ya el efecto dulcificador de la visita del Papa, cualquier señal de normalidad queda devastada por la tensión política y alarma social que provocan los casos de corrupción.Los socios del Ejecutivo apoyan algunas medidas, sí; pero haciendo todo tipo de contorsiones. No quieren mancharse con las investigaciones que rodean al PSOE ni tampoco ser los responsables de la llegada a La Moncloa de Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal, una coalición que el PP promociona aprovechando que Sánchez está en horas bajas. Por eso, Junts hace contorsionismo cuando se alinea con PP y Vox para pedir elecciones mientras vota con la mayoría de la investidura y rechaza la moción de censura, y también hace contorsionismo el PNV, que dice que sí cuando dice que no, como la canción de Joaquín Sabina. Su portavoz, Maribel Vaquero, lanzó una advertencia el miércoles al presidente que realmente fue un margen de confianza: mientras la oposición agita la posible imputación del PSOE, el PNV le pide que disuelva las Cortes si sus presupuestos no prosperan. La Moncloa estima que esa votación se producirá en octubre o noviembre. Hacienda tiene ya las cuentas en marcha, aunque eso no significa nada en una legislatura en la que Sánchez nunca se ha atrevido con lo que dijo que haría sin problema: continuar en el Gobierno tras la derrota de unos presupuestos. Nunca los ha llevado a la Cámara sin garantía de aprobarlos porque la lectura inevitable habría sido que no tenía mayoría para seguir, algo que los ministros creen refutado a golpe de BOE desde 2023, con reformas y medidas económicas que siguen activando incluso debajo de los rayos y truenos de estos días. De hecho, para finales de mes, planean otro decreto de apoyo a sectores productivos afectados por la guerra.La realidad es que se ha incumplido el mandato constitucional de presentar presupuestos año a año, pero, por paradójico que pueda parecer, es muy posible que los únicos que se debatan en la Carrera de San Jerónimo sean los del último ejercicio, precisamente para activar la maquinaria electoral. La secuencia que muchos evocan es la de 2019: el 13 de febrero, el Congreso devolvió las cuentas al Gobierno y Sánchez anunció a los dos días la convocatoria de elecciones para el 28 de abril. Nada puede darse por cierto en un contexto de volatilidad absoluta y con la agenda política pendiente de los jueces, pero ese es el hito que ha marcado el PNV y que manejan muchos en el PSOE para unas elecciones generales que, en ese caso, se celebrarían antes de las municipales y autonómicas de mayo de 2027. La opción de que coincidan todas el mismo domingo ya ha sido descartada. Sánchez por ahora se queda en que habrá presupuestos en 2026 y elecciones en 2027, pero sin la referencia habitual al mes de julio. Rebaja así la presión interna en el PSOE, sobre todo, de los alcaldes, que temen ser arrollados por la furia nacional y el efecto polarizador de una batalla de las generales en la que un mensaje sobre el BOE es como mentarle la madre a cualquiera. No es casual que el líder socialista haya aliviado la tensión por este asunto en vísperas de la reunión del comité federal del PSOE de la semana que viene. Que bastante tienen con todo lo demás.