Un instituto español. Una clase de 3º de ESO. A la salida, el profesor habla con un alumno, lo llamaremos X, y, tras elogiar las uñas que lleva (multicolores y con una perfecta manicura), le pregunta si le han causado algún problema. X rompe a llorar: le insultan de manera reiterada todos los días. Aun así, añade X, se siente feliz en este instituto. ¿Cómo es posible?, pregunta el profesor. “Porque al menos en este no me tiran piedras”.El profesor es Agustín Zaragozá, escritor y profesor de Filosofía en Alcoy (Alicante) y además agente de Igualdad y experto en Prevención del Consumo de la Pornografía. Tiene 45 años y lleva 10 dando talleres, charlas y cursos de formación en torno a lo que él ha titulado “(Des)aprender la masculinidad”. Habla en institutos o en teatros que llena con 400 chicos, pero también imparte talleres para profesores y otros agentes sociales; este mes, por ejemplo, va a dar una formación de cuatro horas en el sindicato de UGT en Valencia. Una de las frases más conocidas de Simone de Beauvoir es “no se nace mujer, se llega a serlo”. Y es que, en efecto, el estereotipo tradicional femenino no es algo natural ni biológico, sino una construcción social que se nos va imponiendo desde que nacemos. Pues bien, podemos decir lo mismo de los varones: el hombre no nace, se hace. Pero, claro, como en este absurdo teatrillo del sexismo a los hombres les ha tocado el mejor papel, han tardado más en darse cuenta de que es una imposición artificial y de que también pagan un alto precio por ello, como, por ejemplo, la represión de las emociones, o el tener que ser siempre más duros, más fuertes, más valientes, más más. En palabras de Agustín, a los hombres los meten en una caja de masculinidad “y ese molde que nos impone la sociedad por el hecho de ser hombres es violencia. Es violencia porque no se nos da la oportunidad de decidir si lo queremos o no. Es violencia porque si no te ajustas o te sientes incómodo, sufres mucho. Y es violencia porque se señala, se persigue y se ridiculiza a quienes no se ajustan a esa masculinidad impuesta”.Como le pasa a X, ese alumno feliz de al menos no ser apedreado. Por cierto, X solo recibe ataques por parte de los varones; de las mujeres, nunca. Por desgracia también las chicas son capaces de cometer acosos escolares muy crueles, pero aun así la gran mayoría de los problemas en clase son causados por los varones, dice Zaragozá. Con el agravante de la pornografía, a la que están accediendo los chavales a través de los móviles cada vez más temprano (a los 10 años o antes) y que ofrece unos modelos de relación y de sexualidad delirantes y misóginos. Y es que vivimos en un asco de mundo que permite, produce y consume una pornografía de un machismo brutal.Con todo, creo que algo se está moviendo para bien. Ahora existe gente como Agustín Zaragozá. Hombres conscientes del precio de la hombría y capaces de llenar teatros con adolescentes que le escuchan, que plantean preguntas, que reflexionan. Puedes cambiar, les dice; puedes salir de la trampa, de la caja obligatoria. Puedes elegir. “No es fácil, pero se puede”. Agustín me llena de esperanzas: su energía es tan inagotable como su compromiso (tiene más de 150 talleres programados hasta final de año). Pero, claro, el cambio no puede depender del esfuerzo de individuos aislados. Estos temas, dice Zaragozá, deberían trabajarse en las aulas y formar parte del sistema educativo. Pero ay, qué lento es todo. Qué difícil es cambiar el rumbo de la obsoleta pero masiva e inercial sociedad sexista. Un ejemplo: Agustín da cursos de formación en estos temas para profesores; son gratis, porque los paga la consejería, y sirven para los sexenios, es decir, para subir la nómina. Pues bien, su público docente es siempre de un 80% a un 90% femenino. “Ellos pueden apuntarse a cursos de igualdad, coeducación, masculinidad, violencia de género…, pero no vienen. Y esa realidad está ahí”. Y otro dato más: Zaragozá acaba de terminar el primer máster del mundo en Violencia Sexual, en la Universidad Ramon Llull de Barcelona. Pues bien, en el curso eran 28 mujeres y él. Como si la violencia sexual no tuviera nada que ver con los varones. Y es que muchos aún no se han dado cuenta de que todos estos temas les conciernen de manera directa. Porque, como decía Beauvoir, el machismo no es un problema de las mujeres, sino de los hombres con las mujeres.