La violencia sexual, la soledad, la identidad masculina, la empatía entre géneros, los roles sociales y en casa, el lugar de la comedia y la posibilidad de redención forman parte de esta miniserie noruega
Mucha gracia hizo, la semana pasada, entre cierto sector de la población, la encuesta que señala que alrededor de un 51% de los jóvenes varones entre 15 y 29 años ven el feminismo “como una herramienta de manipulación política”. Ah, a los jóvenes no se la dais con queso, oportunistas insinceras, ¡estáis creando justo...
lo contrario de lo que pretendéis!, se regocijaban. Todo, todo, todo es culpa vuestra. Qué movimiento incel ni qué ocho cuartos. Si acaso, esos discursos son también vuestra responsabilidad: mirad lo que nos hacéis decir.
Por supuesto, el problema de fondo no va con ellos: las más de 1.350 víctimas mortales a cargo de la violencia de género en España desde 2003 y las 14 violaciones denunciadas al día, menos del 20% de las que se producen, deberían bastar para acallar esa soberbia. Pero acaban sirviendo para señalar de nuevo al feminismo: vosotras sabréis qué estáis haciendo mal. O para demonizar a la inmigración, una manipulación política de la que la encuesta no habla.






