Llevamos cien días debatiendo sobre Adorni y el gobierno sigue sin poder salir del laberinto. Una pena, porque tiene buenas noticias para dar en lo económico, como el boom exportador, la caída del riesgo país, la mejora por segundo mes consecutivo en el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) de la Universidad Di Tella y el aval del Banco Mundial para honrar compromisos con los acreedores. Claro, también tiene de las malas: los números de consumo masivo -uno de los termómetros de calle- siguen en caída interanual e intermensual. Ni los shoppings se salvaron, aunque cada vez hay más marcas internacionales que están pidiendo pista (¿ellos la ven?). La pregunta ya no es si “Alhorni” se va, si no cuándo. El tema no da para más. El gobierno ya pagó todos los costos imaginables, sin obtener ningún rédito. Entonces, es preferible que renuncie, ubicarlo en algún lado para mantenga su silencio, fingir demencia y seguir para adelante. A esta altura, cualquier gesto “republicano” de parte del presidente tampoco serviría de mucho. ¿Podría decir “lo eché porque me mintió y cometió actos de corrupción”? Muy difícil. Sonaría oportunista. La calle diría “¿tardaste 3 meses para darte cuenta, pibe?”. Manuel, ¿guardaría prudente silencio? ¿O algún día daría un reportaje bomba prendiendo el ventilador? Nunca se sabe con personajes que no vienen de la política, sobre todo si sienten que no tienen nada que perder. Teléfono para Quirno: ¿qué puesto tenemos sin cubrir en el exterior? Un exilio dorado con jugoso salario (arrancamos con US$ 15.000) y gastos extras a cargo del Estado (casa y auto) no estaría nada mal. ¿Y las causas judiciales? Para eso lo sumamos a Mahiques, que puede convertirse en héroe salvando al dúo TT (Tapia – Toviggino). Por ahora, mejor cambiar al vocero, porque “Alhorni” ya estaba de adorno (se nota que el Javo no es rencoroso, porque puso a un tipo que primero lo insultaba, y después escribió un libro con él).