Superado el costo político que dejó el episodio de "Adornigate", el Gobierno volvió rápidamente al terreno donde necesita concentrar sus esfuerzos: la construcción electoral. La macroeconomía continúa siendo su principal activo, pero en la Casa Rosada saben que ninguna estabilidad económica alcanza si no logran consolidar una estructura política que les permita llegar fortalecidos a 2027. El problema es que, mientras la macroeconomía comienza a ordenarse, la microeconomía sigue mostrando dificultades. La industria continúa trabajando por debajo de su capacidad instalada, los costos crecieron con el sinceramiento tarifario, el consumo permanece débil y muchas empresas priorizan sobrevivir antes que invertir. La economía dejó de caer, pero todavía no logra transformarse en crecimiento para todos. El Gobierno abre la semana con cambios en Inocencia Fiscal y el ruido del caso Adorni en el Congreso
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En ese contexto, el acuerdo con Diego Santilli terminó de desenmascarar el verdadero armado político del oficialismo. Lo que Karina Milei presentó como una genialidad de una "fuerza construida con dirigentes propios" terminó evidenciando sus límites. Cuando llegó el momento de ampliar la base política hubo que volver a raspar el fondo de la olla y recurrir, una vez más, a dirigentes provenientes del PRO. La Libertad Avanza comprobó que la popularidad de Javier Milei alcanza para ganar elecciones, pero no para construir, por sí sola, una estructura política nacional. Esa es la gran diferencia entre liderazgo y poder. Milei sigue siendo la marca electoral más fuerte de la Argentina, pero todavía necesita intendentes, gobernadores, operadores, equipos técnicos y experiencia de gestión para gobernar. Allí reaparece Mauricio Macri. Lejos de romper con el Gobierno, preserva su autonomía porque entiende que quien entrega toda su estructura termina perdiendo capacidad de negociación. Javier Milei aporta el liderazgo y los votos, una parte importante de la gestión continúa teniendo ADN PRO. Seis de los diez principales ministerios nacionales, el 60% están hoy conducidos por dirigentes con pasado en el PRO o en las administraciones de Mauricio Macri, además de una docena de secretarios y funcionarios estratégicos. Esa realidad explica por qué Macri no rompe, pero tampoco se entrega. Mientras Diego Santilli, Cristian Ritondo y otros referentes del PRO se incorporan gradualmente al esquema libertario, el expresidente preserva deliberadamente su autonomía. No se trata de orgullo ni de diferencias ideológicas, sino de una decisión estratégica: quien entrega toda su estructura pierde capacidad de negociación. La salida de Adorni obligó al Gobierno a reordenar su estrategia política y legislativa de cara al segundo semestre El otro gran objetivo del oficialismo será eliminar ,suspender o pausar las PASO, una posición que Milei sostuvo incluso antes de llegar a la Presidencia. Sin embargo, cualquier reforma electoral debería surgir de consensos amplios y no de las conveniencias del oficialismo de turno ,en eso comenzaron a trabajar intensamente Los inversores no sólo observan la inflación, el déficit o el tipo de cambio; también analizan la estabilidad de las reglas y la fortaleza institucional del país. No solo en la Argentina, el mundo parece avanzar hacia liderazgos cada vez más personalistas. El reciente episodio de Donald Trump presionando públicamente a la FIFA para revisar la sanción al delantero Balogun refleja esa tendencia: la idea de que el liderazgo político puede intentar influir incluso sobre organismos que deberían actuar con independencia. Los límites institucionales comienzan a desdibujarse. Milei ha manifestado en numerosas oportunidades su admiración por Trump y comparte con él algunos rasgos de liderazgo: la centralidad de la figura presidencial, la comunicación directa, la confrontación permanente y la construcción de un poder altamente personalizado. Ese modelo puede resultar eficaz para ganar elecciones, pero una democracia sólida necesita algo más que líderes fuertes: necesita instituciones fuertes. La Argentina necesita consolidar la estabilidad macroeconómica, pero también recuperar la economía productiva y fortalecer la seguridad jurídica ,las inversiones llegan atraídas por un plan económico, pero permanecen cuando encuentran reglas claras, instituciones independientes y gobiernos que comprenden que el verdadero poder no consiste en controlar todas las instituciones, sino en respetar la autonomía de cada una de ellas.






