La Casa Rosada ganó aire, pero no encuentra una salida. Después de varias horas de negociaciones encabezadas por Patricia Bullrich con el PRO, la UCR y los bloques provinciales, el oficialismo logró este miércoles postergar hasta el 25 de junio la sesión en el Senado que amenazaba con convertirse en la primera gran derrota parlamentaria del caso Manuel Adorni. La jugada le permitió al Gobierno desactivar, al menos por unos días, el riesgo de una interpelación y una eventual moción de censura contra el jefe de Gabinete. El problema es que la presión política alrededor del funcionario no sólo continúa intacta, sino que empieza a adquirir una dimensión que nadie en Balcarce 50 sabe muy bien cómo administrar.

En privado, el diagnóstico se volvió bastante más uniforme que semanas atrás. Nadie habla de una salida inminente, pero el consenso dentro del universo libertario es cada vez más amplio: el caso Adorni ya se extendió demasiado. Después de tres meses de explicaciones incoherentes, declaraciones juradas dilatadas y nuevas revelaciones patrimoniales, el oficialismo no logra encontrar un salvoconducto que le permita dar por terminada la discusión.

Por eso, la postergación conseguida en el Senado es leída como una victoria exclusivamente táctica. La Casa Rosada compró tiempo, pero no resolvió el problema. Y el interrogante que sobrevuela los despachos oficiales es el mismo desde hace varios días: ¿qué hacer si el desgaste sigue creciendo y ninguna de las estrategias defensivas logra modificar el escenario?