El rechazo este viernes en el Parlamento portugués de la reforma laboral impulsada por el Gobierno conservador de Luís Montenegro supone la primera gran derrota política del Ejecutivo en una reforma estructural y deja al descubierto las dificultades del primer ministro para construir mayorías estables en una Asamblea fragmentada.La propuesta, una de las principales apuestas económicas del Gobierno, fue rechazada en la generalidad con los votos en contra de Chega, el Partido Socialista (PS) y las fuerzas de izquierda, mientras que sólo contó con el apoyo de los partidos que sustentan al Ejecutivo —PSD y CDS-PP— y de Iniciativa Liberal.
El desenlace fue especialmente significativo porque el Gobierno había confiado hasta el último momento en poder salvar la reforma mediante un acuerdo con Chega, formación de extrema derecha que en los últimos días había dado señales contradictorias sobre su sentido de voto.
Los analistas interpretan el episodio como un golpe a la autoridad política de Montenegro, que queda obligado a recalibrar su estrategia parlamentaria tras comprobar que la mayoría de derecha que en teoría podía sostener algunas de sus reformas no funciona como un bloque disciplinado.










