El otro día me hicieron una pregunta que me dejó recalculando. De esas preguntas que no se responden en el momento, de esas que se quedan dando vueltas en la cabeza durante días porque, en el fondo, te obligan a revisar cómo estás viviendo y cómo estás educando.
La pregunta fue simple:
—Como rabino, profesor o líder, ¿sentís que liderás desde el poder o desde la influencia?
Al principio no entendí del todo la diferencia. Incluso pensé que quizás eran dos maneras distintas de describir lo mismo. Pero cuanto más lo pensaba, más comprendía que estaba frente a una de las preguntas más importantes que una persona puede hacerse.
Porque el poder y la influencia parecen similares, pero en realidad pertenecen a mundos diferentes. El poder, cuando se comparte, se divide. La influencia, cuando se comparte, se multiplica.












