16 de junio, 2026 - 06h30¿Te has puesto a pensar cuánto sano poder y fuerza puedes lograr si desarrollas una gran confianza en ti? ¿Has pensado cuánto puedes contribuir para la construcción de una sociedad más justa si aplicases en tu vida un grado superlativo de amor, de solidaridad para con los demás, de entrega sin condición? Si no lo has hecho ya es tiempo de que medites y tomes acción. Sé generoso por el gusto de serlo. No esperes recompensa. Esta te llega cuando menos lo esperas. Ingéniate formas de practicar la solidaridad, no hace falta que te adhieras a ningún grupo. Alimenta tus convicciones sobre la base del amor y de la acción. No cometas el error de creerte muy inteligente, que eres superior a los demás. La grandeza es una suerte de corona que nunca debes colocártela tú mismo. Espera a que quienes crean de verdad que eres grande así lo reconozcan. En el mundo hay mucha gente grande de verdad, y siempre o casi siempre son gente humilde de corazón, que no ha sobredimensionado las alabanzas, que no cree haber llegado a la cumbre del éxito. Los grandes de verdad son personas que no creen haber llegado a la cima, que siempre luchan por ser mejores. Yo creo que ha llegado el momento de redefinir el éxito en la vida. La riqueza es siempre bienvenida si es producto de la honestidad, de la decencia, de la perseverancia, de la lucha honesta por el progreso. Pero la riqueza no es el símbolo del éxito. Lo acompaña. La esencia del éxito reside en la satisfacción permanente por las acciones que realizamos, por los roles que cumplimos, por la coherencia de nuestro proceder con los valores que proclamamos, por la contribución al progreso material y espiritual de la sociedad. Hay miles y miles de personas que son exitosas en la vida, que se sienten felices por su desempeño en la sociedad, por generar progreso, por generar empleo, por producir riqueza, por ser empresarios, por vivir su humildad y su solidaridad. Las redes sociales ocupan un papel estelar en la “construcción” de la antiespiritualidad, en la edificación de la fatuidad, en la idolatría a la riqueza sin importar la legitimidad de su origen. Ese triste papel hay que contradecirlo a través del mensaje permanente a favor de la lucha por los verdaderos valores de la sociedad: la virtud, la justicia, la razón, la solidaridad, etc., utilizando también las mismas redes sociales. Las maestras y los maestros de escuelas, colegios y universidades tienen un rol estelar en la reconstrucción de los mensajes a la niñez y la juventud. La reorientación se impone, y el momento es ahora. Si no actuamos lo vamos a lamentar más temprano que tarde. De nada sirve la capacidad cognitiva en almas huecas, en juventudes confundidas. Todos debemos liberar nuestro potencial para llevar nuestro rendimiento al máximo, como dicen en el coaching. Agrego yo: pero siempre basados en la virtud y orientados hacia el bien. Así creces tú, fortaleces tu espiritualidad y mejora la sociedad. Y lo último: siempre lucha con convicción y aléjate de la corrupción. En el fondo no hay modelos rígidos a seguir para lograr el éxito. Hay valores irrenunciables. (O)