A finales de 2008, en un laboratorio de Barcelona, una conversación informal cambió el rumbo de la investigación sobre la maternidad. La psicóloga clínica y doctora en neurociencias Susana Carmona, entonces investigadora posdoctoral, empezó a preguntarse junto a dos doctorandas qué le ocurre al cerebro durante el embarazo. “Nos dimos cuenta de que lo que pensábamos que estaba estudiado no lo estaba”, recuerda. Decidieron empezar por ellas mismas: unas actuaron como grupo de control, otras se sometieron a resonancias antes y después del embarazo, y extendieron el estudio a su entorno. Aquel impulso inicial ha dado lugar a una línea de investigación que hoy lidera desde el grupo Neuromaternal del Instituto de Investigación Sanitaria Gregorio Marañón, en Madrid.La investigadora como objeto de estudioSusana Carmona es psicóloga clínica y doctora en neurociencias. Se ha formado en instituciones de referencia internacional como la Universidad Columbia, la Universidad de Harvard, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y la Universitat Autònoma de Barcelona, además de completar su formación clínica en centros como el Hospital del Mar, el Centro de Salud Mental Fòrum y el Hospital General Universitario Gregorio Marañón. Ha publicado más de medio centenar de artículos científicos y ha liderado proyectos de investigación financiados por el Instituto de Salud Carlos III y la Comisión Europea a través del programa Horizon 2020. En la actualidad dirige el grupo Neuromaternal y de Neuroimagen del Instituto de Investigación Sanitaria Gregorio Marañón de Madrid y es co-investigadora principal de uno de los grupos del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM). Su trabajo se centra en comprender los cambios cerebrales asociados al embarazo y la maternidad, así como su relación con la salud mental materna y el neurodesarrollo infantil.¿Cómo comenzó el estudio del cerebro durante el embarazo?En el primer experimento encontramos cambios espectaculares. A partir de ahí surgieron muchas preguntas: qué papel juegan las hormonas, cómo afectan al vínculo con el bebé o a la depresión posparto, o cómo podrían ayudar a entender ciertos problemas cognitivos que algunas madres refieren.¿Qué metodología han empleado en este último estudio?El último artículo presenta un estudio longitudinal de 127 mujeres gestantes antes de su primer embarazo, durante la gestación —en el segundo y tercer trimestre— y después, a los seis meses del parto. En cada punto recogimos datos de neuroimagen y cada vez incorporamos más medidas de biofluidos, como saliva u orina, para analizar metabolitos hormonales. También intentamos entender qué implican estos cambios a nivel psicológico y emocional. Observamos que durante la gestación cambia prácticamente toda la corteza cerebral y que estos cambios están modulados por los niveles de estrógenos. Además, cuanto más cambia el cerebro, mejor suele sentirse la madre y más fácil le resulta vincularse con el bebé.“Se reduce el volumen de la sustancia gris pero no implica un deterioro cognitivo”¿Qué papel juega el sistema hormonal en todo este proceso?Las hormonas actúan como mensajeros que indican al cuerpo que debe funcionar de forma distinta: aumentar el volumen de sangre, modular el sistema inmune o adaptarse al desarrollo del feto. Hemos calculado que las fluctuaciones hormonales acumuladas durante los nueve meses de embarazo equivalen aproximadamente a las que experimentaría una mujer no embarazada a lo largo de 61 años de ciclos menstruales.¿Cómo fue la selección de participantes?Buscábamos mujeres que planearan su primer embarazo. Además, incorporamos un grupo muy importante: parejas homosexuales que vienen de centros de fertilidad in vitro . Usando como control a la madre no gestante podemos diferenciar qué cambios se deben a la gestación y cuáles a la crianza.¿Qué significan los cambios cerebrales que han observado?Detectamos una reducción del volumen de la sustancia gris, especialmente en el grosor cortical, con un punto de inflexión alrededor del parto. Esto no implica un deterioro cognitivo. En otras etapas, como la adolescencia, también se observan reducciones asociadas a procesos de afinamiento o especialización cerebral.“Seguimos participando en los estudios (...) hace dos días me hice la última resonancia”¿Qué regiones del cerebro cambian más?Prácticamente todo el cerebro cambia, aunque la magnitud es diferente según la región.¿Y vuelve a su estado inicial?A nivel promedio, no vuelve completamente a la línea basal ni siquiera años después del parto. Sin embargo, algunas mujeres sí recuperan ese nivel. Además, aún no podemos saber si lo que se pierde y lo que se recupera es exactamente lo mismo a nivel biológico.¿Durante cuánto tiempo realizan el seguimiento de las participantes?Seguimos realizándolo en función de la financiación, porque son estudios muy costosos. Actualmente tenemos datos hasta 18 meses posparto y en algunos casos varios años después. Algunas investigadoras, incluyéndome, seguimos participando en los estudios para observar cómo estos cambios interactúan con otras etapas hormonales, como la perimenopausia. Hace dos días me hice la última resonancia. Que prácticamente no haya precedentes de investigación en este ámbito es tan indignante que es muy motivador.“Permite observar la experiencia con más perspectiva y menos incertidumbre”¿El análisis de la materia gris podría predecir la depresión posparto?Sabemos que los trastornos mentales perinatales afectan a una de cada cinco madres y que, en países desarrollados, el suicidio asociado a esta depresión es una de las principales causas de muerte materna. La idea es poder integrar datos hormonales, cerebrales y clínicos para predecir el riesgo individual antes de que aparezcan los síntomas. Estamos trabajando en modelos como el “gemelo digital del cerebro materno”, que permitiría simular la evolución de cada mujer en función de sus características. Es un campo aún lejano pero que abre la puerta a una medicina más personalizada.¿Cómo ayuda este trabajo a las madres?Ofrece un marco para entender lo que les ocurre. Saber que estos cambios son universales permite observar la experiencia con más perspectiva y menos incertidumbre. También valida algo que muchas mujeres ya perciben, la maternidad no es solo un cambio logístico, sino una transformación profunda en múltiples niveles.¿Cómo ha cambiado su visión de la maternidad?Antes pensaba que era un ajuste más en la vida cotidiana, pero es una experiencia de enorme intensidad. En mi caso, ha sido lo mejor que me ha pasado, aunque también implica momentos difíciles. La sensación más clara es la de un desdoblamiento: dejar de ser la única protagonista de tu vida para compartir ese lugar con otra persona. Como feminista, creo que no debemos caer en el modelo de madre sacrificada, pero al mismo tiempo, hemos demostrado que hay una realidad biológica y emocional que implica priorizar al bebé, especialmente en el posparto. El reto está en entender estos procesos y encontrar un equilibrio que tenga en cuenta tanto el bienestar del bebé como el de la mamá.
“Todas las regiones del cerebro de la madre cambian durante el embarazo”
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