Comprender cómo viven hoy las mujeres el embarazo, el posparto y la crianza es el eje del trabajo de Patricia Catalá (Arenas de San Pedro, Ávila, 33 años), profesora titular de Psicología Social en la Universidad Rey Juan Carlos e investigadora principal del grupo Md.madre, dedicado a la salud mental perinatal. Lleva años estudiando el bienestar emocional materno y el impacto que tienen los entornos digitales en la experiencia de la maternidad, y fruto de esa trayectoria acaba de publicar, junto a Cecilia Peñacoba, El eco de la maternidad: un viaje transformador (Apuleyo, 2026), su primer libro sobre crianza. “Este volumen nace del deseo de acompañar la maternidad desde un lugar más humano, real y emocional. Lo he escrito junto a Peñacoba, catedrática de mi universidad, con quien comparto desde hace años esta pasión por comprender y acompañar la experiencia de la maternidad”, explica Catalá. A través de la metáfora de un viaje en barco, el libro recorre las distintas vivencias emocionales de esta travesía: “A través de cartas sencillas intentamos poner palabras a experiencias que a veces cuesta expresar, también en los silencios, y ofrecer un espacio de pausa”, añade. “Es un libro que acompaña sin imponer, que ayuda a poner palabras a experiencias difíciles y que acerca, de una forma sensible y accesible, herramientas y conocimientos construidos desde la investigación en salud mental perinatal”, agrega. En sus investigaciones, Catalá ha analizado especialmente cómo la exposición continuada a modelos idealizados de crianza en el entorno digital influye en el bienestar psicológico de las madres: “Muchas mujeres sienten que siempre existe una manera mejor de hacer las cosas. Y eso genera una presión constante”.PREGUNTA. ¿Qué papel tienen las redes sociales en la experiencia de la maternidad?RESPUESTA. Han transformado profundamente la forma en la que se vive y se piensa la maternidad. Muchas mujeres acuden a las redes buscando información, apoyo o sentirse acompañadas, y eso puede ser muy valioso. Pero, al mismo tiempo, las redes exponen continuamente a modelos idealizados de maternidad, crianza y cuerpo posparto, generando una sensación constante de comparación y evaluación sobre cómo se está maternando.P. ¿Cómo funciona esa comparación?R. A veces aparece de forma explícita esa idea de “no lo estoy haciendo bien” o “otras madres pueden y yo no”. Pero, más frecuentemente, la comparación se manifiesta de forma más sutil y persistente: una sensación de no llegar, de no hacerlo suficientemente bien o de que siempre existe una manera mejor de criar. Esa sensación acaba filtrándose en decisiones cotidianas como qué dar de comer, cómo gestionar una rabieta o cuánto tiempo de pantalla permitir.P. ¿Qué consecuencias emocionales puede tener el hecho de compararse continuamente?R. Principalmente ansiedad. Hay una sobreinformación continua y la sensación de que cada decisión tiene una opción óptima. Además, muchas veces se transmite la idea implícita de que, si una madre hace todo “correctamente”, podrá controlar completamente el bienestar o el desarrollo de su hijo. Y eso genera una presión enorme. También aparece culpa cuando la experiencia real no coincide con lo que se consume en redes, especialmente en temas como el parto, la lactancia, el vínculo con el bebé o la crianza. La maternidad real suele ser mucho más ambivalente, incierta y compleja de lo que muestran estas plataformas.P. ¿Es la culpa una de las emociones más frecuentes en las madres?R. Sí, completamente. Muchas mujeres sienten que no están siendo la madre que deberían ser. Y esto se intensifica especialmente en el posparto temprano, una etapa de enorme vulnerabilidad emocional y gran necesidad de validación externa. Poco a poco, esa presión puede hacer que muchas madres desconecten de su propia intuición y vivan la maternidad desde la autoexigencia y la duda constante. Además, la culpa aparece en muchos ámbitos de la vida cotidiana: culpa por volver al trabajo y sentir que se pierde tiempo con el bebé, culpa por quedarse y sentir que una parte de la propia identidad queda en pausa, culpa por necesitar descanso, tiempo propio o espacios de autocuidado. Muchas madres sienten que están constantemente llegando tarde o faltando en algún lugar, como si nunca pudieran estar del todo donde “deberían” estar.P. En redes abundan los consejos rápidos y las soluciones aparentemente universales. ¿Qué opina de este contenido?R. Incluso cuando se trata de contenido elaborado por profesionales (matronas, psicólogas, asesoras de lactancia o especialistas en crianza y educación) las redes sociales favorecen formatos muy breves, rápidos y llamativos. Y eso puede generar la sensación de que cuestiones complejas de la maternidad o la crianza tienen respuestas simples o universales. El problema no es divulgar en redes, sino que muchas veces el propio funcionamiento del algoritmo premia los mensajes más contundentes, emocionales o simplificados, mientras que los matices y la contextualización suelen tener menos alcance. Esto puede hacer que información útil o basada en investigación termine consumiéndose de forma descontextualizada o incompleta. Además, cada bebé, cada madre y cada familia tienen circunstancias distintas. En temas de maternidad, crianza y educación no suele haber recetas universales, y simplificar en exceso esa complejidad puede generar más presión y culpa en las familias.P. ¿Cree que las redes sociales pueden tener también un efecto positivo?R. Sí, por supuesto. Cuando el uso es más consciente y los contenidos están basados en evidencia, y además contextualizan esa evidencia, pueden ser muy útiles. Pueden ayudar a normalizar experiencias, reducir el aislamiento y generar comunidad. El problema no es la herramienta en sí, sino cómo se utiliza, qué contenido se consume y desde qué mirada se interpreta.P. Teniendo esto en cuenta, ¿hacia dónde debería orientarse la solución?R. La propuesta pasa más bien por aprender a relacionarnos con las redes de una forma más crítica y consciente. Implica cuestionar los modelos que se presentan, diversificar los referentes y recordar que lo que vemos es siempre una selección parcial y editada de la realidad. También supone entender cómo funcionan estas plataformas y cómo los algoritmos tienden a priorizar determinados mensajes, emociones o estilos de contenido. La idea no es abandonar las redes, sino aprender a habitarlas con mayor distancia crítica, sin asumir como norma representaciones que muchas veces son fragmentadas, idealizadas o simplificadas.
Patricia Catalá, experta en salud mental perinatal: “Las redes sociales han transformado cómo se vive y se piensa la maternidad”
La profesora de Psicología lleva años investigando el impacto del entorno digital en el embarazo y el posparto, y alerta que las plataformas exponen modelos idealizados y simplificados de crianza, favoreciendo en las madres la aparición de la culpa y la frustración













