Vivimos un momento de alta incertidumbre, local e internacional. En el mundo nadie tiene certezas: Trump podría perder ambas cámaras en las elecciones y enfrentar un impeachment pero no es seguro que ello suceda, Lula puede ganar o perder aunque las encuestas parecen sonreírle, la Reserva Federal no termina de definir su política de tasas. Podría mantenerlas o subirlas, aunque Trump espera que bajen. El alto precio del petróleo, que hoy es una ventaja para la Argentina pasaría a ser un problema si perforara los sesenta dólares. Todo puede pasar en uno u otro sentido. Lo que suceda en el exterior generalmente repercute en nuestro escenario interno. Cada una de esas variables puede fortalecer o debilitar la posición de Milei. Hoy la dinámica social nos muestra que mientras un 40% quiere la continuidad del actual modelo un 60% quiere un cambio en una mezcla de rechazo al fracaso de la política de bolsillo, las formas republicanas y la falta de sensibilidad social del gobierno. Una mayoría que todavía no encontró por donde vehiculizar su descontento. Sabe lo que no quiere más claramente que lo que quiere. Busca pero no encuentra ni el personaje ni el vehículo político para el cambio. Es en ese clima de incertidumbre y malestar acumulado donde aparecen fenómenos como la movilización tipo misa por la muerte del Indio Solari o la movilización de Ni Una Menos, detonado por el asesinato de Agostina Vera en Córdoba. Antes tuvimos el evento “Francisco vive en el encuentro” en un acto que combinó música electrónica con referencias religiosas, al que concurrieron más de 100 mil personas.
La comunidad que la oposición no convoca
Hoy la alegría compartida aparece sin que la política sea protagonista.









