"La pornografía está siendo la escuela donde muchos de los y las jóvenes se están formando o deformando en sus relaciones afectivo-sexuales", decía la ministra de Igualdad, Ana Redondo, el pasado año en la presentación de la campaña Porno, por no hablar. Que la pornografía online, a la que acceden más del 90% de los menores de 14 años, incita a comportamientos machistas y violentos en las relaciones sexuales está demostrado. Pero a ello, durante decenios ha contribuido también el cine, realizado mayoritariamente por hombres. La sexualidad femenina solo empezó a mostrarse desde otra mirada con la incorporación de las mujeres cineastas.PublicidadAhora, la directora y guionista Reem Kherici estrena El placer es mío, la historia de la pareja que inventó el Womanizer, el succionador de clítoris. Con Alexandra Lamy y Francois Cluzet, la película cuenta que Fanny, después de 20 años casada con Tom, revela que nunca ha tenido un orgasmo y él, ingeniero de profesión, decide inventar algo que revierta esa situación.Hasta no hace mucho, el cine mostraba a la mujer como un ser carente de deseo sexual, una persona a la que controlar sexualmente o, si rechazaba el sexo con hombres se la señalaba como frígida o frustrada.. y en caso de que mostrara más abiertamente su sexualidad, se la tachaba de 'mujer fatal', de 'chica fácil' o se la presuponía víctima de histeria, una enfermedad psiquiátrica inventada.El gran David Cronenberg exploró en Un método peligroso (2011) precisamente ese fallido diagnóstico de histeria en una película, con Viggo Mortensen, Michael Fassbender y Keira Knightley, en la querecuperaba la relación real entre Sigmund Freud, Carl Jung y Sabina Spielrein. También lo hizo, aunque bastante peor, Tanya Wexler en Hysteria, curiosamente del mismo año que la anterior, y en la que también se refería a un personaje real, el doctor Joseph Mortimer Granville, inventor, a finales del siglo XIX, del primer consolador electromecánico que él empleaba en el tratamiento de la supuesta enfermedad.PublicidadEl deseo femenino"Y entonces, de pronto, me dijo: 'Cómemela'. Y yo: 'Oh. No digo que no quiera, pero relájate un poco, eh". Las mujeres cineastas, mucho más allá de buscar métodos de placer sexual, han contado al mundo cómo se siente éste, qué es el deseo femenino, cómo son las fantasías sexuales de las mujeres, cuáles son sus frustraciones… cómo quieren y disfrutan de verdad el sexo. Las cineastas danesas Mette CarlaAlbrechtsen y Lea Glob hicieron un casting para rodar una película erótica para mujeres y de las entrevistas con las aspirantes resultó una película documental absolutamente reveladora, Venús, confesiones desnudas (2016).La francesa Daphné Leblond repitió el modelo premeditadamente tres años después en Mi nombre es clítoris, en la que mujeres jóvenes hablaban entre ellas y a cámara sobre su sexualidad y sobre la invisibilidad del deseo femenino.Descubrimiento sexualEra una ópera prima que, entre otras cosas, reflejaba las dudas y las experiencias de la 'primera vez', el descubrimiento del sexo, un asunto que ha motivado los primeros largometrajes de unas cuantas cineastas de distintos lugares del mundo. La reconocida cineasta Céline Sciamma debutó con una preciosa historia protagonizada por tres jóvenes quinceañeras, Lirios de agua (2007), en la que dejaba para el arrastre la estereotipada, falsa y aburrida mirada masculina sobre el sexo femenino.PublicidadEl primer largo en solitario de Maggie Carey, Cosas que hacer antes de los 18 (2013), divertía con la lista de objetivos de una adolescente muy novata en temas sexuales. Unos años antes, la cineasta codirigió con Elena Carr Ladyporn, una película en la que documental y porno se encontraban y que subrayaba el deseo de las mujeres de liberarse de la omnipresente pornografía masculina. Otras cineastas como Marielle Heller (The Diary of a Teenage Girl, 2015) o Eliza Hittman (It Felt Like Love, 2013) arrancaron sus carreras con largometrajes dispuestos a dar la vuelta a la representación sexual femenina en el cine.El morbo masculinoJóvenes explorando su sexualidad, mujeres adultas disfrutando de ella, pero también mujeres en la tercera edad o de países especialmente represivos con la mujer… compartir desde el cine una mirada femenina sobre el deseo sexual es una poderosa vía de cambio y de lucha contra el androcentrismo imperante. La cineasta india Leena Yadav confío en ello al rodar La estación de las mujeres (2015), en la que cuatro mujeres de un pequeño pueblo encuentran un camino para liberarse de la reprimida sexualidad que las imponen.La mujer como simple objeto de la satisfacción sexual de los hombres sigue, tristemente, muy presente en la gran pantalla. A Lars von Trier le pareció fascinante explorar en Nymphomaniac (2013) las prácticas de una mujer 'ninfómana', cuando el mundo entero sabe hace tiempo que la ninfomanía es una invención creada para estigmatizar a la mujer. Y el tunecino Abdellatif Kechiche incluyó escenas de sexo lésbico en La vida de Adèle (2013) creadas evidentementepara alimentar el morbo de los espectadores varones heterosexuales. Se llevó la Palma de Oro en Cannes.Solo son un par de ejemplos recientes, de los miles que hay, de la mirada que ha dominado en el cine, donde por fin ahora las mujeres alzan su voz, reivindican su placer sexual y dan la vuelta a la perversa fantasía machista de poseer a la mujer. "Bueno, pongámonos a trabajar, vagina" (Brandy Klark, en Cosas que hacer antes de los 18).