Bajad las armasLos ni�os no siempre existieron como tales. Durante la mayor parte de la historia de la humanidad solo eran adultos m�s d�biles, igualmente destinados al trabajo pero menos resistentes que sus r�plicas madurasUn beb� de pocos meses sonr�e ante los arrumacos de su madre.Actualizado Viernes,

junio

23:01El escritor argentino Santiago Gerchunoff ha dado a la imprenta un librito provocador titulado En la era de los ni�os cosa (Lengua de Trapo). La intenci�n del autor, padre �l mismo de dos hijas, es rescatar a los ni�os de la voluntad cosificadora de sus amant�simos padres, v�ctimas de una tir�nica cultura del emprendimiento o materialismo hist�rico, que dir�a Jos� Luis Pardo. Ingl�s, alem�n, chino, guitarra, teatro, taller de inteligencia emocional, pin parental, geolocalizaci�n durante el d�a, audiolibro por la noche. Gerchunoff pretende devolver a los ni�os la autonom�a que les est� robando este extendido complejo de Pigmali�n que concibe al v�stago como una posibilidad de enmienda a las falencias vitales de pap� o de mam�.Los ni�os no siempre existieron como tales. Durante la mayor parte de la historia de la humanidad los ni�os solo eran adultos m�s d�biles, igualmente destinados al trabajo pero menos resistentes que sus r�plicas maduras, raz�n de que a veces se murieran trabajando. Nuestro ensayista localiza el nacimiento jur�dico de la infancia en el siglo XVIII, cuando se desarrollan las ciudades modernas y surge en ellas la chispa ilustrada, que empieza a codificar los derechos de la infancia como un estadio protegido de la vida humana. Lo interesante es que nuestra �poca parece converger con ese pasado premoderno. �Si en el Antiguo R�gimen todos eran adultos, podr�amos decir que ahora ya todos somos ni�os�, constata Gerchunoff. De la era nietzscheana del superhombre a la era liliputiense del superni�o.Quiz� Kant, al sacarnos de la minor�a de edad intelectual, prepar� el camino para volver a infantilizarnos. Nos hizo acreedores de derechos universales, pero descubrimos con asombro que al ejercerlos multiplic�bamos el n�mero de nuestras obligaciones, precisamente para garantizarlos. Nos emancipamos del se�or feudal y del cl�rigo admonitorio, pero siglos despu�s seguimos sin tomar el soberano control de nuestras vidas, o bien nos enga�amos al respecto. Como si la vigilancia fuera nuestro estado natural, que pasa de hijos a padres. Ahora, incluso, vivimos esclavizados por nuestras mascotas. Gerchunoff se sorprende a s� mismo una noche de invierno paseando a su perra con una bolsa de caca caliente en la mano, y se acuerda de la noci�n de servidumbre voluntaria de La Bo�tie.Hablando de caca. El autor cierra el libro rememorando aquella moda inquietante de las dietas autotr�ficas. La fiebre por la alimentaci�n de las embarazadas lleg� a extremos que habr�an resultado grotescos fuera del amor pigmali�nico que caracteriza a los padres de hoy.Todo empez� con un estudio que estableci� la correlaci�n entra la dieta de la gestante y el desarrollo neuronal del feto: cuanto m�s natural com�a la madre, m�s se robustec�a el cerebro del ni�o. Se desat� entonces en la industria obst�trica una demencial competici�n por publicitar la dieta m�s pura. Hasta que aparecieron los puristas definitivos: los que sugirieron que ning�n alimento tan natural como el metabolizado por la propia madre. Un experto apareci� un d�a en un programa argentino de m�xima audiencia y asegur� que si una madre llegara a alimentarse con sus propias heces entre el tercer y el quinto mes de embarazo, dar�a a luz a un ni�o m�s inteligente. Nadie indag� demasiado en las credenciales de aquel experto, que bien pudo ser un humorista, pero en todo caso la iron�a se entiende mal en televisi�n.As� naci� la moda -ajena al circuito m�dico colegial, obviamente- de las mam�s que com�an mierda para incrementar la inteligencia de sus hijos. En ese submundo homeop�tico bucea Gerchunoff hasta documentar incluso la distinci�n entre lo que �l llama �dieta marr�n fuerte� (solo com�an eso) y �dieta marr�n blanda� (venc�an el asco comiendo pastillas de caca saborizadas, importadas de China). El disparate no dur� mucho. Termin� el d�a en que un instituto cient�fico condescendi� a la medici�n de los coeficientes de hijos de madres copr�fagas. Resultaron tan tontos o tan listos como los dem�s.La moda de las dietas autotr�ficas decay� inmediatamente. Pero en Espa�a a�n registr� un ep�gono salvaje. En las secciones de sucesos triunf� por unos d�as el ep�teto de �la loca de Moratalaz�. Aquella pobre mujer que, entre el tercer y el quinto mes de embarazo, dicen que se comi� a su marido y a sus dos primeros hijos para mejorar al tercero.Es incre�ble lo que un ser humano mal informado puede llegar a tragarse por amor.