O son do Cami�oEl grupo debuta en Galicia con m�s de 40.000 espectadores, un repertorio cargado de himnos y la certeza de haber dejado atr�s su momento m�s duroEmily Armstrong, durante la actuaci�n de Linkin Park en el festival 'O Son do Cami�o', en Santiago.EFEJuan B. Ca�ellas Santiago de CompostelaActualizado S�bado,

junio

01:38Nombrar a Linkin Park es evocar toda una �poca. Los primeros MP3, las habitaciones empapeladas con p�sters arrancados de las revistas, la rabia adolescente y esa extra�a sensaci�n de que nadie en el mundo pod�a entenderte mejor que un grupo de chavales empe�ados en expulsar sus frustraciones a golpe de guitarras afiladas y gritos imposibles de contener. Luego lleg� 2017. La muerte de Chester Bennington detuvo en seco a uno de los colosos del rock del siglo XXI y dej� la impresi�n de que algunas historias, sencillamente, no pod�an continuar. Pero este viernes, en el Monte do Gozo, m�s de 40.000 personas han podido comprobar de primera mano que estaban equivocadas.Era, adem�s, una noche especial. Nunca antes Linkin Park hab�a actuado en Galicia. Las luces se apagaron y Crawling cay� sobre el recinto como una descarga el�ctrica. Los bajos resonaban con tanta fuerza que vibraba el suelo bajo los pies del p�blico. Los focos barr�an la noche compostelana, las pantallas alternaban destellos blancos y rojos y el Monte do Gozo se convirti� por momentos en una gigantesca caja de resonancia. Mike Shinoda, recorr�a el escenario con una sonrisa tranquila, disfrutando quiz� de algo que durante a�os pareci� imposible: tocar sin que todo girase alrededor de la ausencia.Porque si algo ha dejado claro esta gira es que Linkin Park ha entrado en una nueva fase. Atr�s quedaron las preguntas sobre si la banda podr�a sobrevivir a la p�rdida de Bennington o si ser�a capaz de escribir un nuevo cap�tulo sin traicionar su identidad.Y eso se percibe especialmente en Emily Armstrong. A estas alturas ya nadie habla de sustituciones ni de comparaciones permanentes. La vocalista se mueve con autoridad, alternando la furia y la vulnerabilidad que siempre formaron parte del ADN del grupo. En Santiago volvi� a quedar patente la conexi�n con Shinoda, construida a base de kil�metros, escenarios y meses de convivencia. Hay complicidad en las miradas, en la forma de repartirse las canciones y en la sensaci�n de que la banda ha dejado atr�s definitivamente el v�rtigo de los comienzos. Ya no se trata de demostrar nada. Se trata, sencillamente, de disfrutar.El p�blico lo agradece. Burn It Down, Waiting for the End, Breaking the Habit, One Step Closer o What I've Done fueron recibidas como viejos himnos que se niegan a envejecer. Canciones que hace veinte a�os acompa�aban trayectos en autob�s al instituto y que ahora corean adultos que han crecido con ellas. Pero la noche no vivi� �nicamente del recuerdo. Tambi�n sonaron Stained, Good Things Go y Unshatter, temas de From Zero, el disco con el que la banda inici� oficialmente esta segunda vida. Un trabajo cuyo t�tulo no pod�a ser m�s apropiado: empezar desde cero sin renunciar a la identidad que convirti� a Linkin Park en una de las bandas m�s influyentes de las �ltimas d�cadas.El concierto de Santiago llega adem�s en un momento especialmente dulce para el grupo. La gira From Zero World Tour est� llenando estadios y recintos por todo el planeta y dentro de apenas unos d�as llegar� Madrid, una de las citas m�s esperadas del verano musical. A ello se suma la expectaci�n por Unshatter, el documental que mostrar� desde dentro c�mo Shinoda y sus compa�eros lograron reconstruir una banda que muchos cre�an condenada a vivir �nicamente del recuerdo.Pero este viernes, en Galicia, no hubo espacio para la nostalgia triste. Hubo ruido, bajos atronadores, focos atravesando la noche y miles de gargantas cantando al un�sono. Y hubo tambi�n algo m�s dif�cil de explicar: la sensaci�n de estar viendo a una banda que, despu�s de atravesar su momento m�s oscuro, ha aprendido a ser feliz otra vez.