Tal día como hoy, hace cuatro años, Mónica Oltra se subió a un escenario por última vez como vicepresidenta del Consell. Fue en un acto de Compromís en el Cauce del Túria, con la vicepresidenta ya en el foco de los tribunales y toda la presión política y mediática sobre ella. El último baile. Después vinieron cuatro años horribles para la dirigente, que tuvo que apartarse de la primera línea; cuatro años de una exhaustiva instrucción judicial, acusaciones constantes de la ultraderecha que nunca ocultó su deseo de tumbarla. Pero cuatro años y un día después, la dirigente emerge con fuerza. Arropada por la ciudadanía en un acto que es histórico para la coalición valencianista, que ha reventado el aforo del anfiteatro del Parque de Cabecera de València, pese a no estar organizado bajo la marca Compromís. Más de 700 personas sentadas y prácticamente el doble de pie, en los miradores, en todo hueco disponible alrededor para escuchar a Oltra en un conversatorio con Gabriel Rufián sobre la unidad de la izquierda.
Para el dirigente de ERC, esta es una parada de su gira por un frente amplio que resulte útil para la ciudadanía, en vísperas de sus procesos internos. Para Oltra es un bautismo de masas, el reinicio, el pistoletazo de salida a un año de campaña que se prevé duro. A dos semanas de la Asamblea de Compromís que la nombrará como candidata a la alcaldía, la política ha realizado su primer mitin desde que decidiera dar un paso al frente. Sin ninguna marca de partido visible, sino como una conversación, en esa idea que se empeña en transmitir: desbordar Compromís y la candidatura en el sentido clásico.















