Las abuelas han conquistado la Inteligencia Artificial. Esa podría ser una de las conclusiones a sacar tras visitar la nueva sede del Sónar +D. Situado por primera vez en la Llotja de Mar como evento independiente del festival, el desmembramiento de las conferencias, las performances y las exposiciones interactivas del festival no solo ha ganado en espectacularidad por la belleza arquitectónica y la luminosidad que ofrece el enclave neoclásico junto a la Barceloneta. La programación se ha afinado para mejor: hay menos obras que en ediciones anteriores, pero con mayor calidad y diversificación de temas en las propuestas.El Sónar +D se ha independizado concentrando las actividades en dos únicas jornadas —jueves y viernes—, apostando por nuevas miradas a un mundo post IA, donde nuestra fricción con la tecnología está tan naturalizada que es indivisible de la identidad artística y de un visitante que probablemente habrá conversado varias veces con su IA de confianza antes de entrar al recinto. Tras trece ediciones preguntándose cómo podemos relacionarnos y crear a través de la tecnología avanzada, la madurez artística se percibe más allá de los habituales paisajes que fusionan naturaleza y computación o la deriva cuántica vistas en otras ediciones, que todavía se exploran y a los que les queda mucho camino por recorrer. La edición del 2026 ha tomado un interesante giro en la exploración del archivo familiar de los artistas o en el curioso papel que juega la nostalgia tecnológica, los cacharros con los que empezamos a conectarnos, que se han recuperado para especular con futuros posibles. Así lo probaba 2147: A voice from the future, una cabina de teléfono de las de antes cubierta de moho —la misma que usó C Tangana en uno de sus videoclips— en la que el visitante podía charlar a través del aparato con Gaia, una IA que narraba cómo ha viajado del año 2147 al 2026 para alertarnos de eventos sucedidos en el futuro. “La conversación fluye según cómo la pillemos durante el día. En función de la temperatura, la humedad y la contaminación de Barcelona, su personalidad va a cambiar y también va a cambiar según lo que le preguntemos”, ha advertido Chris Olmedo, un chileno de 30 afincado en Vigo, cofundador de QuestVentures e ideológo de esa voz suave que echaba broncas educadísimas a a quienes le confesaban que pasaban demasiado tiempo mirando el móvil. Otra IA con ganas de minarte la moral ha sido la de Mirror into auntiverse de niceaunties, artista y diseñadora afincada en Singapur. A través de un espejo con una tecnología incorporada, se mostraba el reflejo del espectador pero transformando su cabeza en un auntie asiática con detalles Kawaï en su melena. Una señora que que te decía: “Estás gorda”, “por qué no me presentas a tu novio” o “¿Cuánto cobras? ¿Al menos tendrás un bonus en el trabajo, no?“. Todo lindezas. “Una auntie es un perfil de mujer muy estigmatizado en Asia, muestra mucho amor, pero de manera muy dura y muy crítica”, explicaba Isabel Palomar, galerista de Upload que representa a la artista en Barcelona y que se reía al confirmar que en España cada familia también tiene su auntie propia y a muchas mujeres ni le hacen falta porque esa voz censora ya la tienen instalada en su cabeza. Las tías criticonas no era las únicas familiares con peso en el Sónar +D. Otras dos obras mezclaban a sus abuelas con la IA de formas muy diversas. Desde Corea, Project Shininho nos ponía en la piel de la matriarca de 86 años de la artista, para, a través de una IA generativa, erigirnos en estrella del K-Pop y pirata transoceánica. Una fantasía colorista frente a la melancolía de Look Up, de Wei Fang Chang, una videoinstalación en la que el espectador, mientras veía desdibujada su cara como cuando Google Maps pilla a un humano al grabar las calles, se veía obligado a mirar hacia arriba y ver los cielos de las cuatro casas en las que la artista había vivido y cómo la cámara también captaba a su abuela, ya muerta, en una imagen de 2010. En Llinatge discursiu, de Sara Gallego Alarcón, nos topábamos con una obra que venía a decirnos que nuestras fotos serán arqueología emocional de internet. Su proyecto especulaba con un futuro en el que sistemas artificiales reconstruirán nuestros orígenes comprimiendo nuestras imágenes para intentar captar rastros de humanidad en un internet saturado de artificialidad. ¿El resultado? Fotos fantasmogóricas en las que apenas nos reconoceremos. Si en el Stage +D, otra zona que ha ganado con el cambio, una de las charlas imperdibles del jueves fue la de Eugene Healey, que disecciona las tendencias vistas en redes y analiza el comportamiento de las audiencias, el viernes la expectación ha tocado techo con Mindy Seu. La escritora, diseñadora y tecnóloga ha desarrollado, a oscuras, una performance colectiva de su último libro, The Sexual History of the Internet. Con el público leyendo stories que ella misma había preparado, Seu no solo probó que el sexo ha movido Internet desde sus inicios, sino que se convitió en dominatrix de nuestros teléfonos. A ver quién supera ese hito en 2027.