El secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió durante su visita a Haití el pasado martes que el país caribeño se encuentra en un estado de colapso generalizado debido al control que ejercen las pandillas armadas, especialmente en la capital, Puerto Príncipe. Se calcula que un 1,5 millones de haitianos se han desplazado a las zonas del interior para escapar de la inmundicia cotidiana que padecen. “Alrededor de seis millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria severa”, alertó Guterres.Cuando era un niño, los padres del internacional haitiano Frantzdy Perrot (Cabo Haitiano, 31 años) migraron a Estados Unidos para escapar de esa pobreza y esa violencia extremas que desde hace más de dos décadas campa a sus anchas en su país por la falta de efectivos policiales para controlarla. La presencia de la selección haitiana en este Mundial, 52 años después de su última participación, al menos es una vía de escape efímera para una población tan castigada. “Queremos representar a nuestro país de tal manera que la gente pueda decir: ‘¿Sabes qué? Con todo lo que está pasando en el país y con todo lo que hemos pasado les damos algo de lo que puedan hablar con orgullo”, relata Frantzdy a EL PAÍS en el hotel de concentración de la selección haitiana en Filadelfia, donde esta próxima madrugada (2.30, TVE1) se enfrenta a Brasil.“Crecer en Haití no fue fácil, crecí sin nada. Mi familia no tenía gran cosa. Y por eso valoro todo lo que tengo hoy. Por eso, no hago trampas en el fútbol, porque sé lo duro que fue crecer allí”, explica. “Jugaba en la calle con piedras. En realidad, no teníamos ni campos ni botas de fútbol, y algunos días, ni siquiera tenía qué comer, o mis padres tenían que hacer el sacrificio de no comer ellos para alimentarnos a mí y a mis hermanos. Ese tipo de cosas son las que me hacen ser humilde y que mis padres se sientan orgullosos. Se sacrificaron mucho para que yo ahora pueda estar aquí”, relata un jugador que ha podido hacer carrera en Europa. Formado en el fútbol base norteamericano, Frantdzy jugó para el Mouscron belga, el Guingamp francés, el Macabbi Haifa israelí, con el que disputó la Champions League, y el AEK de Atenas, al que aún pertenece. “Sé que había muchos chicos en mi barrio que eran mejores que yo, pero nunca tuvieron una oportunidad, por eso creé mi propia fundación. Sabemos que es algo que llevará tiempo y mucha planificación, pero vamos por buen camino; vemos jugadores de Brasil fichando por 50 millones de euros o futbolistas que nadie conocía de países africanos llegando a Europa y triunfando. En Haití no tenemos eso todavía”. La crudeza de la realidad haitiana espolea y envalentona a una selección que en el primer partido se lo hizo pasar mal a Escocia pese la derrota (1-0). “Fue frustrante porque un error te hace perder y con un poco de suerte podíamos haber empatado e incluso ganar”, cuenta Frantzdy. Ni él ni sus compañeros temen a Brasil. “Si ves cómo juega el equipo, cómo nos comportamos entre nosotros, se nota esa mentalidad de no tenerle miedo a nadie. Es un enfrentamiento de hombre contra hombre. No se trata de lo que la otra persona te vaya a hacer. Ellos pueden demostrar que son mejores que nosotros, pero al final nos respetarán porque ven que lo damos todo y que no tenemos miedo. Al fin y al cabo, es solo fútbol y pase lo que pase nuestro objetivo es darlo todo y jugar sin miedo y creo que nuestra gente lo sabrá valorar”.El enfrentamiento ante Brasil contiene un fuerte nexo de unión entre ambos países por un partido benéfico que la canarinha disputó el 18 de agosto 2004. El amistoso fue organizado por Unicef bajo el nombre de “Partido de la Paz”. Brasil, por entonces vigente campeona del mundo, fue a jugar allí con todas sus estrellas del momento. Ronaldinho, Ronaldo Nazario, Roberto Carlos, Rivaldo y Juninho Pernambucano fueron trasladados por las calles abarrotadas de Puerto Príncipe en tanquetas blindadas para jugar en un país devastado y promover el desarme y la paz civil en un momento de una profunda crisis política y de violencia tras el derrocamiento del presidente Jean Bertrand Aristide. “Incluso mi propia gente apoya y ama a Brasil. Este partido significa mucho para todo mi país. Recuerdo cuando los jugadores brasileños fueron allí para ese partido benéfico; fue algo inédito. La gente los veía por televisión y de repente los tenía allí, haciendo felices a todos; es algo que los haitianos nunca olvidarán”.Frantzy quiere resaltar que Haití no es solo un país sumido en la miseria y en la violencia. “Después de tanto tiempo sin participar en un Mundial se había olvidado lo buenos que somos en cierto sentido. Nuestros propios aficionados animan a otros países como Brasil, Argentina o España, pero ahora pueden apoyar a su propio país y podemos brindarles esta alegría y esta felicidad al poder ver a Haití jugar en el escenario más importante del mundo. La gente puede pensar que Haití solo está en este Mundial para participar, pero no es así, no conocen realmente a nuestros jugadores ni lo que somos capaces de hacer”.ClasificaciónGrupo CPTPJPGPEPP1ESC311002MAR110103BRA110104HAI01001Grupo CPTPJPGPEPP1ESC311002MAR110103BRA110104HAI01001