A inicios del 2004, Giorgio Agamben, filósofo italiano de renombre internacional, -para el cual, tal como describe en sus obras Homo Sacer. El poder soberano y la nuda vida (1995): Su obra fundamental, donde explica cómo el poder político se sostiene sobre la "nuda vida" (una vida despojada de derechos políticos) y Estado de excepción”-, estamos en un estado de excepción, en el que la seguridad se ha convertido en el auténtico paradigma de gobernación, decidió cancelar un curso programado en la Universidad de Nueva York. El gobierno estadounidense le obligaba a entregar sus huellas digitales para obtener el visado como profesor invitado, y no estaba dispuesto a ser fichado. Consideró su decisión totalmente necesaria y esperaba que le siguieran otros profesores e intelectuales. Si lo hizo no era para evitar los trámites engorrosos y degradantes a los que se ven obligados quienes quieren traspasar la frontera norteamericana; lo que más le inquietaba las maneras en las que un Estado pretendidamente democrático utilizaba los instrumentos electrónicos para ampliar la vigilancia tras el 11-S.
No resulta difícil imaginar hasta qué grado sorprenderá a las generaciones futuras la pasividad de la comunidad internacional para detener y denunciar como auténtico genocidio la actuación de Israel en Gaza







