Uno de los secretos mejor guardados de la Galería de las Colecciones Reales es una sala separada del museo por unas puertas de madera, situadas al fondo de su planta A, la dedicada a los Austrias. A través de estas puertas se accede a una parte del pasado militar de Madrid, unos enormes lienzos de muralla construidos y remendados durante diferentes épocas, que arrojan abundante información sobre la primera época de la ahora capital de España, cuando tan solo era un enclave defensivo de segundo orden.

La sala cuenta con restos de la primera muralla árabe sobre la que se fueron superponiendo otras reformas medievales y arreglos que llegan hasta el siglo XIX para dar forma al espectacular conjunto que se conserva ahora. Estos restos se han mantenido fuera de la vista del público hasta hace unos días, cuando la galería abrió las puertas a medio centenar de personas durante unas visitas guiadas con motivo de las Jornadas Europeas de Arqueología.

La zona conservada corresponde a un recodo de la muralla antigua que rodeaba un terreno elevado sobre el Manzanares, donde los árabes se valieron de esta orografía para establecer una fortaleza defensiva. La construcción formaba parte del sistema de protección de la Marca Media del Emirato de Córdoba, que por entonces gobernaba estas tierras y necesitaba espacios cercanos a Toledo –la capital de la zona– que sirvieran como baluartes. Es ahí donde nace la guarnición que se acabaría convirtiendo en Mayrit.