Solo seis jugadores en la historia del golf presumen de tener en sus manos los cuatro grandes: Gene Sarazen, Ben Hogan, Gary Player, Jack Nicklaus, Tiger Woods y Rory McIlroy. A la puerta de ese club de elegidos llama por primera vez el número uno mundial, Scottie Scheffler, a quien solo le falta el US Open que desde este jueves se disputa en el campo neoyorquino de Shinnecock Hills para completar el Grand Slam. Scheffler cumplirá 30 años este domingo, cuando se resolverá el torneo, el Día del Padre en Estados Unidos, y de ganar uniría el Abierto de su país a los triunfos en el Masters de 2022 y 2024 y al Campeonato de la PGA y el Open Británico de 2025. Igualaría además a Nicklaus como el segundo jugador en abrochar el póquer en menos tiempo, cuatro años, igual que El Oso Dorado entre 1962 y 1966. Siete años invirtieron Hogan (1946-53) y Player (1961-68), 13 tardó Sarazen (1922-35, teniendo en cuenta que Augusta se fundó en 1934) y 14 le costó a McIlroy (2011-25). Por encima de todos, aquel primer Tiger Woods que en solo tres años, entre 1997 y 2000, levantó las cuatro copas.La empresa, por gigantesca que sea, no desvela a Scheffler. “El Grand Slam nunca ha sido una motivación para mí”, resume el golfista alejado del prototipo de estrella y para quien su deporte, dice, está por detrás de su familia y de la religión. “Siempre he querido ser la mejor versión de mí mismo y eso es lo que me ha traído hasta aquí. ¿Es un sueño ganar el US Open? Por supuesto. Si soy segundo, no estaría mal, pero duele muchísimo”.El problema para Scheffler, y para el resto de mortales, es que el campeonato se disputa en Shinnecock Hills, seguramente la prueba más dura del golf por la exigencia desde el tee, la diabólica ondulación de los greens y el viento que multiplica la dificultad del campo. Como ejemplo, solo tres jugadores han bajado del par en el acumulado en cinco ediciones del Abierto estadounidense en este trazado.Vaya bestia la que se encontraron los jugadores en una primera jornada retrasada dos horas por la niebla y azotada luego por las fuertes ráfagas que jugaban con la bola, y que tuvo que suspenderse por falta de luz con 50 jugadores sin finalizar. Ya era una aventura aterrizar en unos greens rodeados de escapatorias y con múltiples caídas. Una tortura de la que no se salvó ni un estratega mayúsculo como Scheffler, un cirujano con los hierros. Shinnecock exige golpes quirúrgicos y el número uno sufrió con el control de las distancias y con el putt. Así cerró con tres golpes sobre el par los nueve primeros hoyos (doble bogey en el 8) y, aunque mejoró en los tiros a bandera en la segunda vuelta, no arañó lo suficiente (+2). Por encima, un pelotón de supervivientes con -2, entre ellos un gran Jon Rahm a quien le faltaron cinco hoyos por disputar. Y un extraterrestre, el estadounidense Wyndham Clark, muy destacado con -6 a falta de jugar dos hoyos y con una secuencia de birdie, birdie y eagle entre las últimas estaciones. David Puig marchaba con -1, David Puig con +7, y Rocco Repetto sí acabó, +11.Dos largos putts en 12 y en el 17 (salió por el 10) encumbraron a Rahm como el único jugador libre de bogeys en esa primera jornada sin terminar. El vasco demostró que el US Open le va como anillo al dedo y que cuando se trata de sufrir ahí está el primero, también para salvar pares delicados como en el 18 tras un paso por el rough más alto. Solo el marciano Clark se escapó del resto y de las garras de Shinnecock Hills.Clasificación del US Open.