Mar�a �lvarez-Garcill�n, restauradora de 'Pablo de Valladolid' de la colecci�n del Museo del Prado, detalla las claves del pintor. "Marc� un hito en la concepci�n est�tica y estil�stica de la pintura. Brillaba, sobresal�a y lo sab�a".�douard Manet defini� Pablo de Valladolid como "el cuadro m�s asombroso jam�s pintado". Sin entrar en debates, la restauraci�n de este cuadro de Diego Vel�zquez ha permitido analizar el proceso creativo del pintor. Pero antes de definirlo, Mar�a �lvarez-Garcill�n, restauradora de esta obra que forma parte de la colecci�n del Museo del Prado, cree necesario conocer la historia del pintor y c�mo �sta defini� todo su trabajo posterior. "Sin negar su genialidad innata, siempre es necesario el oficio. El genio no nace, se hace. Vel�zquez recibi� su formaci�n en Sevilla. Entr� de aprendiz en la casa de su maestro Francisco Pacheco, que con el tiempo se convertir�a en orgulloso suegro, incondicional admirador y defensor del ingenio de su yerno. La norma del estricto gremio de pintores del siglo XVII marcaba seis a�os de aprendizaje y una vinculaci�n estrecha entre el maestro y el aprendiz, una suerte de interino de la casa, all� vivir�a y recibir�a sus ense�anzas. A cambio, le dar�an de comer y de vestir y servir�a al maestro en lo que mandara".�lvarez-Garcill�n destaca otra figura clave en la trayectoria de Vel�zquez, su padre. "Supo elegir una buena universidad para su hijo. Pacheco era un manierista relevante en el mundo del arte sevillano, un te�rico sin igual y un sabio en t�cnica y recursos pict�ricos, lo que hac�an de �l un maestro ideal. Adem�s, sus relaciones dentro y fuera de la ciudad con la nobleza y el clero abrieron muchas puertas al joven Vel�zquez cuando lleg� a Madrid". Adem�s, "pronto super� al maestro en originalidad y osad�a t�cnica y expresiva, con recursos innovadores que extralimitaban la norma tradicional y que dif�cilmente Pacheco, siempre cr�tico con quien osaba salirse de ella, hubiera aprobado si no vinieran de quien ser�a su mejor alumno y un genio en potencia".Pero, �c�mo era Vel�zquez? "Singular, carism�tico, obstinado, flem�tico, cerebral, analista, buen estratega, no excesivamente sociable. Era una persona pragm�tica, con capacidad de adaptaci�n a cualquier situaci�n, cualidad que se manifiesta incluso a la hora de abordar temas pict�ricos que no siempre eran de su agrado, convirti�ndolos en motivo de est�mulo personal. Probablemente hoy dir�amos que ten�a altas capacidades", asegura �lvarez-Garcill�n.Por ejemplo, Vel�zquez prescinde en Pablo de Valladolid, que se ha restaurado gracias a un programa impulsado por la Fundaci�n Iberdrola Espa�a, de referencias arquitect�nicas o paisaj�sticas y construye el espacio a partir del cuerpo del buf�n, la sombra que proyecta y el aire que lo rodea. Esta soluci�n, adelantada a su tiempo, convierte la figura en el eje absoluto de la composici�n y explica la intensa sensaci�n de presencia y tridimensionalidad que transmite la obra. "Siempre permeable a las novedades, supo aprovecharlas y ser un innovador. Marc� un hito en la concepci�n est�tica y estil�stica de la pintura, salt�ndose la normativa vigente. Brillaba, sobresal�a, y lo sab�a", define la restauradora.Adem�s, "Vel�zquez supo combinar sus obligaciones y restricciones como pintor de c�mara con el desarrollo de nuevas v�as de expresi�n. Hizo de la necesidad virtud. La marca Vel�zquez le abri� muchas puertas, entre otras las del Vaticano. Por ejemplo, Inocencio X exclam� desconcertado �troppo vero! cuando vio su retrato, asustado por su veracidad y expresividad, pero sin poder negar su genialidad".Esa genialidad defini� su proceso creativo. Primero buscaba la forma de iluminar el cuadro. "La luz en el espacio de Las Meninas procede de las ventanas que ten�a la sala del Alc�zar donde se pintaron. El punto de vista, el encuadre y la proporci�n del Cristo crucificado lo determina la arquitectura del altar de la iglesia para cuyo convento fue pintado. La azurita o el lapisl�zuli que usa en sus cielos no es el azul de plomo que usan sus disc�pulos, m�s barato e inestable", confirma �lvarez-Garcill�n.Tras unos bocetos previos que serv�an de muestra para el cliente y de ensayos al pintor, ven�a la elecci�n del soporte. "Descart� el uso de tablas para pintar s�lo sobre lienzo. La preparaci�n de la tela es un proceso identificativo del pintor. Esta capa de imprimaci�n previa sirve de colch�n a la capa pict�rica, pero tambi�n de fondo crom�tico. De nuevo Vel�zquez se distanci� de la tradici�n sevillana al sustituir las preparaciones rojizas sevillanas por otras cada vez m�s claras, m�s luminosas".Otro rasgo identificativo de Vel�zquez "es la manera de proyectar el dibujo preparatorio en el lienzo. Como buen virtuoso, se permit�a simplemente encajar la composici�n para, sin m�s referencias espaciales, empezar a aplicar el bosquejo o primeros toques de color". La aplicaci�n del color es el �ltimo paso y el que refleja m�s la habilidad del artista. "Vel�zquez conjuga con soltura pinceladas empastadas con toques fluidos y m�s transparentes. Su t�cnica es efectista, juega con la impresi�n que causa la pincelada vista de lejos, por eso se pinta a s� mismo mirando desde la distancia los toques del lienzo que est� abordando dentro de la escena de Las Meninas".�lvarez-Garcill�n concluye: "Vel�zquez era un self-made man, catalizador y a la vez permeable a corrientes externas. Por su esfuerzo, su disciplina, sus recursos sociales y sus habilidades personales lleg� a ser un referente en su �poca. Supo venderse, extenderse, comunicarse, propagarse sin perder ni un �pice de modernidad y genialidad".
As� era el proceso creativo de Diego Vel�zquez
�douard Manet defini� Pablo de Valladolid como "el cuadro m�s asombroso jam�s pintado". Sin entrar en debates, la restauraci�n de este cuadro de Diego Vel�zquez ha...







