Hace veinte años, hablar de código abierto en el mundo corporativo todavía parecía una apuesta contracultural. Linux era visto por muchos como una tecnología reservada para especialistas, comunidades técnicas o entornos académicos. La nube pública todavía no dominaba la conversación, la virtualización apenas comenzaba a transformar los datacenters y conceptos como inteligencia artificial generativa, automatización masiva o nube híbrida simplemente no formaban parte del vocabulario empresarial cotidiano.

En ese contexto, Red Hat comenzaba a construir su historia en Argentina.

Dos décadas después, tanto la industria tecnológica como Red Hat cambiaron profundamente. Y quizás lo más interesante es que ambos recorridos evolucionaron en paralelo. Porque si algo definió estos últimos 20 años fue la transformación constante de la tecnología empresarial: desde servidores físicos hacia máquinas virtuales; desde datacenters tradicionales hacia modelos híbridos y multicloud; desde aplicaciones monolíticas hacia contenedores y Kubernetes; y ahora, desde la automatización hacia sistemas impulsados por inteligencia artificial.

Cada uno de esos cambios redefinió la manera en que las organizaciones construyen, ejecutan y escalan sus negocios. Y en cada una de esas etapas, el open source dejó de ser una alternativa para convertirse en el motor principal de innovación.