¿Qué ocurre cuando un futbolista de primer nivel y por tanto con gran notoriedad pública es investigado por violencia sexual? ¿Y cuando le condenan? ¿Cuál es la reacción por parte de los clubes y sus compañeros? La Audiencia Provincial de València ha considerado probado que el futbolista Rafa Mir y su amigo Pablo Jara agredieron sexualmente a dos jóvenes en septiembre de 2024. La sentencia supone uno de los pronunciamientos más contundentes dictados en los últimos años contra un jugador de la élite del fútbol español. La respuesta judicial ha sido aplaudida por muchas expertas juristas y, sin embargo, la respuesta institucional por parte de los agentes que forman parte del mundo del fútbol español continúa siendo verdaderamente incierta.PublicidadEste miércoles, el Elche CF -donde empezó a jugar cuando ya estaba procesado- anunció la ejecución de la cláusula de extinción tanto del acuerdo de cesión con el Sevilla FC como del contrato laboral del delantero. Lo hizo mediante un comunicado de apenas unas líneas en el que la entidad expresó su rechazo a "todo tipo de violencia", sin hacer referencia expresa a la violencia sexual ni a la violencia contra las mujeres. El Sevilla FC, club propietario de los derechos federativos del jugador, por su parte, ha señalado a preguntas de Público que se encuentra estudiando el caso y que analizará las posibles actuaciones que pudieran derivarse de la sentencia. Por el momento, la institución no ha concretado qué medidas adoptará: "El club, como empleador, está obligado a respetar la legislación laboral vigente. Salvo que haya sentencia firme o alguna medida provisional que le impidiera desarrollar su trabajo, no podemos tomar medidas que vayan contra la legislación laboral (...) El jugador no vuelve a ser futbolista del Sevilla federativamente hablando hasta el 1 de julio". El mismo día que se conoció la sentencia, el Sevilla FC también publicó un comunicado donde manifiestaba "su máximo respeto por los procedimientos judiciales" y expresaba "su más firme y rotunda condena ante cualquier tipo de violencia, abuso o agresión sexual". "Estas conductas no tienen cabida en nuestra sociedad ni en los valores que promueve el deporte", concluía el escrito del club."La única situación en la que no se nos cuestiona es cuando nos matan"La escena que se ha vivido con Mir resulta familiar. Cada vez que un futbolista de primer nivel se ve envuelto en un procedimiento por violencia sexual o violencia machista, el debate suele desplazarse desde los graves hechos denunciados hacia el impacto deportivo, el futuro contractual del jugador, las consecuencias económicas que tendrá para él, etc. PublicidadEsa tendencia no puede entenderse al margen de la posición que ocupan los futbolistas dentro de nuestro imaginario social. Son deportistas, pero también celebrities, señores referentes culturales y unos activos económicos de enorme valor. Sus carreras movilizan millones de euros y los aficionados, seguidores, a menudo se sienten identificados emocionalmente con ellos. Lo que contribuye a construir a su alrededor una suerte de blindaje que dificulta que al menos una parte de la sociedad los pueda llegar a percibir como agresores.Para Ana Pastor, divulgadora deportiva especializada en género, feminismos y LGTBIQ+, el caso Rafa Mir evidencia "que el deporte al igual que otras estructuras no se escapa del abuso, la violencia y la hermandad entre hombres. De estos casos nos enteramos, pero ¿qué pasa en niveles inferiores?", se pregunta, en declaraciones para Público."Es un ámbito profundamente masculinizado en el que la mayoría de los agentes que intervienen son hombres", apunta en la misma línea Alba Adá-Lameiras, profesora de la Universidad Rey Juan Carlos y periodista especializada en deporte y género. "En las investigaciones que estamos realizando con chicos jóvenes seguimos observando mecanismos de atribución de culpa hacia las mujeres cuando se producen situaciones de violencia sexual. Se analiza qué hizo ella, por qué estaba allí o cómo actuó, en lugar de poner el foco sobre quien ejerce la violencia", detalla en conversación con Público. PublicidadEl problema en casos como el de Mir radica en el modo en que estos son recibidos por los agentes que configuran el mundillo futbolero. "Son personajes a los que la sociedad mira con otros ojos. Resulta mucho más difícil responsabilizarlos de determinadas conductas porque existe una tendencia a idealizarlos. Es como si estuvieran por encima del bien y del mal", sostiene Adá-Lameiras. "Siempre se nos cuestiona a nosotras. Se pone en duda lo que decimos, lo que hicimos antes, cómo reaccionamos después. La única situación en la que ya no se nos cuestiona es cuando nos matan", resume la experta. La cultura del "no mojarse"Las decisiones que terminan adoptando los clubes, e incluso las federaciones (cuando las adoptan, que no es siempre) muchas veces dependen de la presión mediática, la respuesta social o el peso específico que tenga el jugador dentro del equipo. Ese cálculo adquiere especial relevancia en un deporte acostumbrado a que las empresas que participan de él gestionen los conflictos desde una lógica que prioriza, ante todo, su propia estabilidad institucional y la protección de su marca. Adá-Lameiras considera que "hay una especie de ley no escrita" según la cual la norma es "no posicionarse". Una dinámica que afecta tanto a los clubes como a los propios jugadores. El comunicado del Elche FC es de por sí bastante elocuente a este respecto. "Existe una falta real de voluntad para señalar que uno de los suyos es un agresor sexual. Los clubs no deberían ser tan poco claros a la hora de expresarse ni hacerlo por compromiso, deberían posicionarse al lado de las agredidas y violentadas sin titubeos, pero estamos ante pactos que son difíciles de romper. La estructura está muy podrida", lamenta Ana Pastor. No se trata "de que tengan que pronunciarse sobre cualquier polémica que aparezca en redes sociales, pero sí hay cuestiones ante las que quienes son referentes públicos tienen una responsabilidad", argumenta Adá-Lameiras. Los casos de violencia sexual forman parte de esos consensos básicos que, a su juicio, deberían generar una condena inequívoca.La investigadora recuerda que esa falta de implicación ya quedó especialmente expuesta durante el caso Rubiales. Mientras las futbolistas y el movimiento Se Acabó reclamaban una respuesta contundente tras el beso no consentido a Jennifer Hermoso, buena parte del fútbol masculino permaneció en silencio. Fueron pocas las voces que asumieron públicamente una posición clara.La situación resulta todavía más llamativa si se compara con la rapidez con la que determinados sectores reaccionan cuando se considera que una puede ser falsa o perjudicar a un hombre. "Si ocurriera lo contrario y se concluyera que una acusación era falsa, probablemente veríamos a muchas más figuras públicas pronunciándose. En cambio, cuando existe una condena por violencia sexual, la reacción suele ser mucho más tímida", apunta la doctora en Periodismo. El papel de la prensa deportivaLos medios deportivos forman parte de ese mismo ecosistema. Aunque la cobertura de las violencias contra las mujeres en el deporte ha cambiado en los últimos años, Adá-Lameiras considera que aún hay inercias muy nocivas. "Muchas veces los debates los protagonizan personas que no tienen formación en igualdad o perspectiva de género. Y eso es peligroso porque terminan analizando una realidad compleja desde marcos interpretativos muy limitados", advierte Adá-Lameiras.Publicidad"Es una violencia tan estructural y tan arraigada que muchas veces ni siquiera quienes participan en esos debates son plenamente conscientes de los sesgos que reproducen. Hay cosas que se han hecho siempre así y por eso cuesta cuestionarlas", explica. "Estamos ya muy cansadas y hartas de ver y escuchar cómo se habla de las supuestas vidas canceladas de los deportistas agresores y no de cómo pueden rehacer su vida las mujeres a las que habrán violentado", critica en el mismo sentido Ana Pastor. "Ni dejan de estar en el foco mediático ni están cancelados. Siguen siendo protagonistas, siguen teniendo recursos económicos y su vida no sufre cambios incluso algunos a día de hoy están reconvertidos en referentes evangélicos. Es hora de cambiar el foco del relato y dejar de victimizarlos, no nos tienen que dar ninguna pena. Los que han hecho que las vidas de las agredidas sí que cambien son ellos con su violencia, con su influencia mediática y el acoso en redes", recrimina la divulgadora. ¿Un cambio de ciclo?Pese a todo, Adá-Lameiras cree que el contexto cultural actual es diferente al de hace una década y que esa transformación social puede acabar teniendo consecuencias prácticas para casos como el de Rafa Mir: "Creo que el revuelo social y mediático que ha generado esta condena hará que ocurran cosas que probablemente no habrían ocurrido hace unos años".Publicidad"Estamos ante una evolución lógica de la sociedad. Cada vez hay más personas que entienden que no se puede separar completamente al deportista de la responsabilidad que tiene como figura pública", concluye. Si bien todavía está por ver la capacidad real del fútbol y todos sus integrantes para asumir las consecuencias de aquello que durante demasiado tiempo han preferido no ver.Las víctimas de la violencia machista y su entorno pueden solicitar asistencia las 24 horas del día a través del teléfono 016, el correo electrónico 016-online@igualdad.gob.es y el número de WhatsApp 600 000 016.En una situación de emergencia, se puede llamar al 112 o a los teléfonos de emergencias de la Policía Nacional (091) y de la Guardia Civil (062) y, cuando la llamada es imposible, se puede recurrir a la aplicación ALERTCOPS, desde la que se enviará una señal de alerta a la Policía con geolocalización.
'Caso Rafa Mir' o por qué el mundo del fútbol solo actúa cuando ya no puede mirar hacia otro lado
La Audiencia Provincial de València ha considerado probado que el futbolista y su amigo Pablo Jara agredieron sexualmente a dos jóvenes en septiembre de 2024.














