El consumo problemático de cocaína se consolida como la principal causa de demanda de tratamiento por adicciones del Proyecto Hombre. El estudio de los casos atendidos por la entidad en 2025, presentado este jueves, revela que el consumo de la sustancia se ha convertido en un fenómeno “normalizado, generalizado y accesible” y advierte de que afecta con frecuencia a personas con empleo, vida social activa y una aparente integración social, lo que dificulta detectar el problema en sus primeras fases. Neus Canals, directora de Proyecto Hombre Cataluña ha afirmado: “El imaginario colectivo lleva a pensar que hablamos de personas especialmente vulnerables, pero la realidad es mucho más diversa”. La cifra, el 53% de los casos de tratamiento, es la más alta registrada tras una década de crecimiento sostenido. La entidad atribuye este fenómeno a la “baja percepción de riesgo” asociada a la cocaína y a su facilidad de acceso, especialmente en entornos festivos, de ocio y salidas de fin de semana. Según explican sus responsables, el consumo suele iniciarse en ambientes recreativos que atraviesan diferentes edades, profesiones y clases sociales. “Vemos que es una sustancia muy normalizada e integrada en nuestra sociedad. Muchas de las personas que desarrollan una adicción son trabajadoras y tienen un perfil socialmente funcional, lo que genera menos alarma social. A quienes, incluso, la asociada como la droga del alto ejecutivo”, ha señalado Canals.Tras un periodo de uso recreativo, el patrón de consumo suele transformarse progresivamente en un hábito diario y más solitario, que acaba generando problemas en el entorno familiar, laboral y en la salud mental. “Existe un patrón de personas con relaciones familiares complicadas que terminan aislándose y autoexcluyéndose socialmente”, han explicado desde la organización.Los datos de atención de 2025 muestran que el fenómeno afecta principalmente a hombres, aunque también tiene una presencia significativa entre las mujeres. El 82,1% de las personas atendidas son hombres y el 17,9% mujeres, un porcentaje que ha aumentado respecto al año anterior. El perfil más habitual de quienes inician tratamiento es el de una persona adulta de mediana edad que arrastra una larga trayectoria de consumo. La edad media de entrada en los programas es de 43 años y el consumo problemático se prolonga durante una media de 19,3 años antes de solicitar ayuda. En muchos casos, este recorrido incluye recaídas y diversos intentos previos de tratamiento.El consumo de cocaína, según la organización, forma parte de una cadena compleja de causas y consecuencias. Está estrechamente relacionado con dificultades económicas y laborales, problemas de vivienda o conflictos familiares que, a su vez, terminan repercutiendo en la salud mental. “Al final no sabemos si la depresión lleva a un mayor consumo o si un mayor consumo provoca una depresión profunda”, explican desde la fundación. Además, el 35,7% de las personas atendidas presenta patología dual, es decir, una adicción acompañada de un trastorno de salud mental. La proporción alcanza el 51% entre las mujeres.Los datos más recientes también apuntan a un incremento de la presencia de cocaína en varias ciudades españolas. Un estudio de la Agencia de la Unión Europea sobre Drogas (EUDA) detectó que la concentración de esta sustancia en las aguas residuales se triplicó en Barcelona y se duplicó en Lleida en 2025 respecto al año anterior. La tendencia coincide con un repunte observado en distintos puntos de Europa, donde la cocaína figura entre las sustancias cuyo consumo sigue creciendo.Ante esta realidad, Proyecto Hombre defiende un modelo de tratamiento multidisciplinar basado en intervenciones integrales y personalizadas. El objetivo es identificar las necesidades específicas de cada persona y abordar tanto la conducta adictiva como los factores sociales, económicos, familiares y de salud mental. La entidad pone el foco en el papel de las familias durante la recuperación al considerar que el acompañamiento es uno de los pilares fundamentales del tratamiento. No obstante, esta tarea continúa recayendo mayoritariamente sobre las mujeres. Casi dos de cada tres familiares atendidos son mujeres y las madres representan el grupo más numeroso entre las personas acompañantes.