Hay dos momentos en la vida de los seres humanos muy temidos, porque durante siglos se perfilaron como el fin oficial de la vida sexual. En las mujeres, la menopausia no solo significaba el punto final de la vida fértil, sino también de la vida sexual satisfactoria con la llegada de la sequedad vaginal, la falta de deseo y las molestias propias de esta etapa. El hombre no se escapaba a este patíbulo y, en su caso, venía en forma de problemas de próstata, cirugías que podían acabar con la erección y/o la eyaculación. Ambos temas eran asuntos peliagudos de los que era preferible no hablar. Esta idea la constató en primera persona Jaime (63 años, Madrid) cuando empezó a tener problemas de próstata y se le diagnosticó una hiperplasia benigna de próstata, un agrandamiento no canceroso de la glándula prostática, muy común en hombres mayores de 50 años. “La primera reacción fue de alivio al saber que no tenía cáncer”, cuenta. “Los médicos me dijeron que era una intervención sencilla, pero no me explicaron mucho más. Me preocupaba mi salud, pero también cómo iba a ser mi vida sexual tras la operación; los especialistas no hablaban muy claro y decían que dependía mucho de cada paciente. Cuando pregunté a otros hombres que habían pasado por lo mismo, todos me dijeron que bien, que en la cama rendían como siempre, aunque no parecían querer profundizar en el tema”.Si la menopausia, ese tsunami existencial que deben atravesar las mujeres maduras, se ha vuelto en los últimos años trending topic, a los varones todavía les cuesta hablar sin vergüenza de sus próstatas. “Es un tema tabú porque la virilidad del hombre se sigue midiendo por sus erecciones y eyaculaciones”, apunta Raúl González Castellanos, sexólogo, psicopedagogo y terapeuta de pareja del gabinete de apoyo terapéutico A la Par, en Madrid.“La próstata tiene dos patologías: el cáncer de próstata y la hiperplasia benigna de próstata”, explica Rodrigo García-Baquero, urólogo, andrólogo y miembro de la Asociación Española de Urología, con consulta en el Hospital Universitario Puerta del Mar, en Cádiz. “El cáncer es una degeneración maligna de las células de la próstata, que generan un tumor, y la segunda patología es el crecimiento de la próstata, que comprime el chorro de salida de orina por la uretra. Esta última es algo inherente al envejecimiento”, describe. “En la operación de hiperplasia se trata solo el adenoma, la parte de la próstata que crece y que comprime la uretra. Se suele hacer de manera endoscópica (a través de la uretra, sin necesidad de abrir) y con energía láser. Hay muchas cirugías, pero la más famosa es la enucleación láser”, continúa García-Baquero. “Esta cirugía no afecta a la erección, pero sí afecta, con mucha frecuencia, a la eyaculación. El paciente mantiene sus erecciones, sus orgasmos, pero puede ser que no eyacule. Es lo que se llama un orgasmo seco o una eyaculación retrógrada (hacia atrás). La sensación orgásmica cambia un poco porque parte de esa sensación de placer viene de esa percepción de descompresión de la cámara de presión, que se genera cuando se eyacula. Es un orgasmo distinto, ni mejor ni peor”, añade.La hiperplasia benigna se anuncia con los típicos síntomas, que Jaime describe muy bien: “Chorro de orina fino, dificultad para completar la micción, sensación de que no te has vaciado del todo, levantarse de noche al baño cuatro o cinco veces, falta de control de orina, en cuanto a urgencia, o goteo después de orinar”. Síntomas que empiezan a partir de los 55-60 años. “No todos los pacientes con hiperplasia van a cirugía”, comenta García-Baquero. “Inicialmente, si los síntomas son leves, se recomienda un tratamiento con un fármaco. Si no hay respuesta, o los síntomas empeoran, entonces se opera. Y cuanto antes se haga mejor, porque la vejiga se resiente si durante años está luchando con la obstrucción que le ofrece la próstata. Si pasan mucho tiempo y el paciente orina mal, la vejiga puede sufrir daños irreversibles: falta de capacidad elástica, puede volverse una vejiga atónita (sin tono) y, si la obstrucción es mayor, puede llegar a afectar al funcionamiento de los riñones. Es una cadena de presión, si aumenta hacia arriba puede llegar a la función renal”. Un balance entre extirpar el tumor por completo y conseguir preservar la erecciónLa palabra cáncer genera miedo, ansiedad e incertidumbre. En el mejor de los casos y cuando ya se ha salvado la vida, la idea generalizada es que la sexualidad es la factura que ha habido que pagar, en este tipo de cáncer, para seguir con vida. “En su fase inicial, el de próstata no da síntomas”, subraya Fernando Gómez Sancha, urólogo, experto en próstata y director médico en el Instituto de Cirugía Urológica Avanzada (ICUA), en Madrid. “Cuando aparece sangre en la orina, dolor local en la pelvis o dolor óseo ya estamos en un punto en el que la enfermedad está más avanzada. Normalmente vemos la sospecha en un análisis de PSA, luego también hay otros marcadores como tacto rectal, resonancia magnética y, el dato definitivo, lo va a dar una biopsia. La mayoría de los casos se diagnostican en personas mayores, el 90% de los pacientes tienen más de 65 años y la edad media de diagnóstico son los 75 años. Sin embargo, también puede darse en jóvenes. Por eso, si hay antecedentes familiares, deben revisarse antes. Recomendamos hacerlo a partir de los 45 años si hay genes BRCA2”.“El síntoma que todos los pacientes tienen cuando se les quita la próstata con una prostatectomía radical es que pierden la eyaculación porque la próstata es la fábrica del semen. El 95% del semen se produce en la próstata y las vesículas seminales, que se extirpan también en esta operación”, cuenta Gómez Sancha. “Eso no impide tener orgasmos. Incluso si no hay erección, cuando el paciente se estimula el pene puede tener un orgasmo. El riesgo que hay es perder la capacidad eréctil y eso depende del hecho anatómico de que los nervios que van al pene y producen la erección están muy pegados a la próstata. Dependiendo del caso, si el cáncer se diagnostica temprano y el tumor lo permite, podemos hacer una cirugía menos invasiva y preservar esos nervios. Entonces el paciente recupera la erección tras la cirugía. Siempre hay un balance entre extirpar el tumor por completo y conseguir preservar la erección”.“Al año de la cirugía, el 75% de nuestros pacientes globales consiguen tener erecciones, con o sin ayuda medicamentosa. Esto depende de la erección previa, ya que muchos de los pacientes tienen dificultades antes de operarse, ya vienen con una erección muy limitada”, continúa este experto. “Otro efecto secundario de la operación es el acortamiento del pene en reposo. Eso es porque cuando se quita la próstata para poder coser la uretra con la vejiga hay que tirar un poco hacia dentro, y esa tensión hace que el pene en reposo sea más corto, pero en erección mantiene la misma longitud. Otro detalle importante es que, a veces, cuando preservamos los nervios en la cirugía, los pacientes experimentan una cosa que se llama neuroapraxia, un fenómeno por el cual un nervio que se toca o que se inflama deja de funcionar temporalmente. Esto puede hacer que algunos pacientes experimenten disfunción eréctil tras la operación en los primeros meses, pero luego la recuperan”.Isabella (65 años, Madrid) vivió el diagnóstico de cáncer de próstata de su marido cuando este contaba 57 años. “Al principio solo se piensa en salvar la vida; pero luego, resuelto el problema, él, que era un hombre muy activo sexualmente, empezó a sentirse mal porque tenía graves problemas de erección. Probamos cosas, pero lo que nos salvó fue cambiar la manera de entender la sexualidad con la ayuda de un sexólogo. Hemos vuelto a reencontrarnos tras una etapa difícil, cuando yo estaba en plena menopausia y tenía molestias con el coito o tenía menos deseo. Ahora somos más sensuales y menos sexuales, y no está nada mal”, apunta.Existen también soluciones para los casos en los que la erección no vuelve. “Inicialmente probamos fármacos, sobre todo si se preservan los nervios”, cuenta Gómez Sancha. “El dispositivo de vacío también se recomienda. Es un cilindro donde se inserta el pene y, al generarse un vacío, se experimenta una erección. Alprostadil es una prostaglandina que dilata las arterias del pene, un potente vasodilatador utilizado principalmente como tratamiento para la disfunción eréctil. Se puede administrar como crema o como inyecciones en el pene. No es lo mismo una vida en la que no puedes tener ya nunca más relaciones que otra en la que sí puedes, aunque sea con ayuda. Y luego está la prótesis de pene. El paciente tiene un mando y la prótesis se pone erecta. La erección dura todo el tiempo que se quiera, algo que satisface a muchas parejas”.La tecnología ayuda, pero ayuda aún más una revisión de la evolución de la propia sexualidad. “Hacer las paces con el cuerpo, en la situación que sea, siempre es bueno”, señala Raúl González Castellanos. “Las personas mayores que se enfrentan a una operación de próstata ya han ido perdiendo facultades con el tiempo. Lo más difícil son los jóvenes, que tras una prostatectomía radical ven cómo su sexualidad cambia de un día para otro; pero hay que trabajar, revisar conceptos como la virilidad y cambiar las reglas del juego, para que el juego continúe”.
Así es la vida sexual tras una operación de próstata: “Hay que revisar conceptos como la virilidad y cambiar las reglas del juego”
Sufrir un cáncer de próstata o una hiperplasia benigna no es el punto final a las relaciones. La tecnología y los sexólogos ofrecen soluciones para mantener erecciones y orgasmos, aunque ya no se eyacule









